lunes, 24 de julio de 2017

Annie Ernaux: Memoria de chica

Idioma original: francés
Título original: Mémoire de fille
Año de publicación: 2016
Valoración: Muy recomendable

Con un prólogo que ya da indicios de una inusual crudeza estilística, la historia que nos narra Annie Ernaux es la historia de una chica durante el verano de 1958. El recuerdo de las experiencias vividas durante esa época, narradas al cabo de cincuenta y cinco años, sigue presente en la autora en la actualidad, y la trascendencia de ese momento fue lo suficientemente transformadora para que la capacidad de la memoria aún alcance a retomar los recuerdos de aquel año; recuerdos de una chica de diecisiete años que son el origen y causa de una historia que la cambió para siempre.

La autora nos sitúa rápidamente en ese verano, retratándonos una joven Annie Dechesne sobreprotegida por sus padres; nos cuenta, en clave retrospectiva, cómo la devoción que tiene por los libros y la falta de relaciones sociales la aproximan a la definición de rara avis. El entorno que la rodea es, principalmente, el formado por la familia y los libros, y ese verano que destinará a hacer de monitora en un campamento de verano lo afronta como una escapada, una liberación, un anhelo y un despertar.

En esas circunstancias se halla Annie, inocente, cándida, ingenua, virgen. En ese estado se encuentra con un monitor en el campamento, con una personalidad que se encuentra en el extremo opuesto a su forma de ser. Y en un encuentro ocasional, ocurre el desencadenante de todo. A partir de ahí, todo cambia, todo se altera, y Annie se transforma, se encuentra con sus sentimientos largamente adormecidos. Ya nada será como antes; el deseo la envuelve y la obnuvila, la posee y la domina, la somete y la humilla, y en un desafío que ejerce hacia ella misma se aventura a explorar los límites de sus deseos para borrar la chica que había sido, y forjar de cero un nuevo carácter. Ese despertar que ansía, que libera su yo interior y que le abre un mundo desconocido.

De esta manera, y analizando, al cabo de mucho tiempo, lo sucedido en la adolescencia, la autora nos habla, no únicamente del cambio y la transformación en la manera de ser, sino también del poder de la memoria y de su capacidad de reconstrucción de los hechos, olvidando partes de un recuerdo mientras, a la vez, se añaden otras. La dificultad de cambiar, y a la vez la complejidad de adaptarse a los cambios. La incapacidad de borrar el pasado y la lucha por regenerarse y definirse como una nueva persona. La vinculación de uno mismo hacia su propia imagen, no únicamente de la que uno posee sino la que los demás perciben. Las dudas hacia uno mismo y los difíciles equilibrios para encajar en un entorno no siempre amigable.

En una primera parte memorable y brutalmente cruda, el libro es de los que impactan, de los que nos hacen zozobrar y alteran los equilibrios emocionales que uno cree anclados y afirmados. Puede que la segunda parte sea menos impactante, cuando vemos cómo su vida cambia después de aquel verano, aunque sigue manteniendo el interés y la calidad de la primera parte.

De esta manera, con un estilo directo, descarnado, sin tapujos ni intentos de endulzar la mirada que tiene hacia su yo adolescente, la autora se expone como lo haría su protagonista. Sin filtros ni disimulo. Y con ello logra que nos metamos de lleno en la mente de esa chica, con sus miedos, inseguridades, deseos y pasiones, en una obra que desborda atrevimiento en exponer una realidad de deseo desmedido, no exento de sometimiento y abandono del propio yo.

Annie Ernaux ha escrito un libro de los que dejan marca, de los que conmueven, de los que remueven consciencias y agitan sentimientos escondidos, enterrados bajo un manto de candidez tendido por la sociedad de la época. La fragilidad de la adolescencia queda sometida a los vaivenes de los deseos inherentes al momento, y las consecuencias sobre cómo obramos ante ellos permanecerán en el subconsciente, de forma análoga a los recuerdos que esta gran novela dejará en nosotros mismos.

domingo, 23 de julio de 2017

Jiří Weil: Vida con estrella

Idioma original: checo
Título original: Zivot s hvezdou
Año de publicación: 1949
Traducción: Patricia Gonzalo de Jesús
Valoración: Muy recomendable

Praga. 1939-1945 aproximadamente. Ciudad multiétnica, ciudad ocupada, ciudad oprimada y opresiva, ciudad terrible. Traslados, deportaciones, hambre y muerte dominan el panorama.

En esa Praga vive, o más bien sobrevive, Josef Roubicek, antiguo empleado de banca de origen judío. Roubicek está marcado por la estrella amarilla que debe llevar en la solapa, debe desempeñar trabajos que nadie realiza, está completamente solo y pasa hambre pero, pese a todo esto, se agarra a la vida. Elige para ello una doble vía. Por un lado, se aferra a los recuerdos de una vida pasada, casi idealizada, representada por un amor: el de Ruzena. Por otro, se aferra a los más nimios detalles de la vida cotidiana, ya sea un gato abandonado, unas míseras verduras o un molinillo de café. Ambos lados forma parte de la misma moneda y son pequeños rayos de luz que cruzan, a través de un resquicio, las tinieblas.

El libro se mueve entre el miedo, el absurdo, el horror, el espanto y la esperanza; el miedo de tener miedo, de no haber tenido el valor suficiente en su momento, ya sea en el amor o en la vida ("Teníamos que habernos marchado... Fue un gran error. Pero no me apetecía, ¿sabes?. Uno se acomoda y es incapaz de tomar una decisión"), el absurdo de las disposiciones de los ocupantes y de las acciones de los ocupados, el horror y el espanto de las desapariciones cotidianas ("Empezó a faltar gente en el cementerio. Unas veces se despedían y otras simplemente desparecían. No cambió nada, excepto que se incrementó el frío"). 

Pero siempre queda la esperanza. Roubicek, con mucho sentido común y ciertas dosis de humor negro se adapta a la situación, logra que la esperanza y la vida se abran lentamente camino y convierte su mera supervivencia en resistencia.

En definitiva, un libro muy bien escrito que, con su aparente sencillez, vuelve a mostrar, una vez más, el espanto del Holocausto. Eso sí, el horror no se refleja esta vez a través de los terroríficos campos de trabajo o de ejecuciones, sino a través de los actos cotidianos de un hombre corriente. Quizá por esto el efecto que produce sobre el lector sea menos inmediato, menos "fuerte" que en otras obras sobre el tema. Pese a todo, pasados unos días, escenas de la novela te vuelven a la cabeza y comprendes que el pobre Roubicek, como el capitán Kurtz, estaba en medio de EL HORROR.

Otras obras de Jiri Weil en ULAD: Mendelssohn en el tejado

sábado, 22 de julio de 2017

Zoom: La siesta de M. Andesmas, de Marguerite Duras

Resultado de imagen de la siesta de m. andesmas amazonIdioma original: francés
Título original: L'après midi de M. Andesmas
Año de publicación: 1960
Valoración: Muy recomendable


Me gusta más este título que Una tarde de M. Andesmas, escogido para ediciones anteriores, porque resultaba confuso y hasta sintácticamente discutible. En realidad, el buen señor no tiene intención de echar la siesta, está esperando al jefe de obras que construirá una terraza delante de la casa que acaba de regalar a su hija si llegan a ponerse de acuerdo. Mientras tanto, caen un par de cabezadas, algo normal a su edad.
Una tarde plácida y veraniega. El mar, el sol y la montaña. Un hombre en contacto con sus pensamientos. Si descontamos el perro del principio –cuyo alejamiento supone cierta decepción, y esto ya es un síntoma– el personaje recibe dos visitas. Para contar lo mínimo, diré que los sujetos verdaderamente importantes quedan en la sombra. La novela es un condensado y poético análisis de la soledad, el amor paterno-filial, el amor romántico y la entereza frente a los reveses de la vida.
Marguerite Duras forma parte del grupo de autores franceses que a mediados del siglo XX se impuso renovar las pautas narrativas tradicionales. Una tendencia conocida como nouveau roman, dentro de la cual se suele encuadrar esta obra.
Porque aquí Duras es más Duras que nunca. Exige atención. Mucha. A cambio nos permite ponernos en la piel de sus criaturas, ser ellas en tiempo real, ver lo que ven, escuchar lo que escuchan y sentir lo que sienten. Lo que se ve es un magnífico atardecer en un paisaje de ensueño; lo que se escucha, la algarabía de una fiesta a la que nadie nos ha invitado; lo sentimientos son de exclusión y abandono aunque no se perciben de forma explícita; lo que se dice, tal como suele ocurrir, son solo retazos de lo que se piensa. No todos se sentirán cómodos con esa forma de narrar –sobre todo en el primero de los dos capítulos que integran la novela– pero justo es reconocer que el relato convencional no puede proporcionar nada de esto.
Refiere Amelia Gamoneda –quien tradujo y prologó la edición de 2011– que su padre le hizo este regalo siendo ella adolescente. "Advertí –explica el gran poeta y premio Cervantes– cómo el libro no imitaba la realidad ni la imaginaba, sino que la creaba: el tiempo de la escritura pasaba con lentitud y facilidad, físicamente; existían silencios reales como decía el texto…".
Una genialidad que no debe pasar inadvertida: curiosamente, el meollo de la trama se desarrolla fuera de foco, en una plaza que no podemos ver y, sobre todo, a partir del momento en que Duras despide a los lectores, o sea, a continuación del último párrafo. Justo en el punto culminante, ha terminado la función.
La autora rinde cuentas con su pasado, utiliza rasgos de tres hombres que intervinieron de alguna forma en su vida. Este aspecto autobiográfico es casi una constante en su obra, pero lo que de verdad interesa no es de dónde procede el material sino lo que llega a hacer con él, cómo lo maneja, en qué lo convierte.

De la misma autora: Escribir, Moderato cantabile, Las diez y media de una noche de verano, El amante

viernes, 21 de julio de 2017

Ad Absurdum: Historia absurda de España

Idioma: español
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable

En 2017, tres jóvenes historiadores murcianos que publicaban un blog escribieron un libro sobre la Historia de españa. No tardaron en fugarse de la historiografía aburrida donde se encontraban recluidos. Hoy, todavía buscados por los historiadores muermos, sobreviven como divulgadores con sentido del humor. Si tiene usted ganas de reírse y los encuentra, quizás pueda leer su libro... Aquí debería enlazar con un GIF donde pusiera "THE AD-TEAM" a golpe de metralleta y un audio con la pegadiza musiquilla de cierta serie ochentera, pero dejémonos de tonterías. Aunque tampoco vamos a ponernos serios, pues este libro, si bien de tonto no tiene una línea,rebosa humor y hasta cachondeo ya desde el título... lo que no quita para que, siendo, al fin y al cabo, un libro de Historia comme il faut, el rigor sobre lo que nos cuenta esté asegurado.

Y lo que nos cuenta son 500 años, más o menos, de Historia de España, desde el reinado de los reyes Católicos, supuestos mamá y papá del Estado nación español -en el libro se cuestiona esta arraigada idea-, hasta el año 1992, el de la apoteosis festiva de lo que hoy mola más llamar CT -Cultura de la Transición-; entre medias, cinco siglos en los que viajamos de despropósito en despropósito, de una chapuza a una oportunidad perdida, de gobernantes inútiles a gobernantes sinvergüenzas... ¿Cómo, que estoy exagerando? Pues basta echar un vistazo a las semblanzas de los reyes que ha disfrutado España para darse cuenta de que, en general, forman una colección de freaks, estultes y/o ninfómanos -es el término que aparece en el libro-, de lo más entretenida, eso sí... (¡ánimo Froilán, que el futuro es tuyo!).

Aún así, el libro nos depara alguna que otra sorpresa, si es que tenemos atornillados los conceptos de la historiografía tradicional al respecto: por ejemplo, rehabilita, hasta cierto punto, el reinado del "Hechizado" Carlos II, mientras que matiza bastante los logros del generalmente alabado de su tatarabuelo Carlos I. O la edulcorada versión de la impalntación de la democracia a la muerte de Franco, gracias a los faemino y cansado del momento, el dúo Juancar y Suárez (leed este libro, niños, y no el del tío Arturo...).

De todos modos, la mayor objección que se le puede poner a este libro -y es algo que admiten sus autores en la introducción- es que, al fin y al cabo, lo que plasma en sus páginas es una historia de la élites y de los grandes acontecimientos, más que de las mayorías sociales -y no digamos ya de las minorías, aunque algo hay-; la razón es que lo pretendido por los muchachos de Ad Absurdum  es, precisamente, buscar los elementos "absurdos" de la Historia y cuestionar a partir de ellos la visióncasposa que cierta historiografía ha venido ofreciendo durante muchos años. Aspecto en el que, desde luego, no se puede competir con, por decir algo, los despropósitos y no digamos ya la las apetencias sexuales de nuestros dilectos monarcas (hablo, por supuesto, de tiempos ya muy pretéritos... ejem). El problema es que, a veces, tal vez sobre los temas que los ad-absurders controlan menos esta perspectiva "tradicional" se cuela en el tono general del libro, cachondeos aparte. De esta forma, y por poner un ejemplo, son muy críticos con la visión determinista de la conquista de Granada y de la llamada reconquista en general, pero aceptan sin más la versión centralista o "estatalista de la conquista de Navarra.

Por ir acabando: el tono general del libro es, sin duda, desenfadado e irónico, quizás con excesiva recurrencia a lo soez, pero , bueno, quitemos allá esas paj... estoo, pelillos a la mar. Los autores tampoco se han cortado a la hora de incorporar referencias a la actualidad más rabiosa, lo que, por un lado, es cierto que confiere frescura al texto (que no deja de ser, repito, un tocho de Historia), pero, por otro, puede que en pocos años haya que hacer un esfuerzo de memoria para entenderlos. tambi´n , en ocasiones, sueltan comentarios jocosos que bordean la incorrección política, con chistes sobre tal o cual colectivo o nacionalidad. pero, qué narices, que esto no es twitter... 

En suma, si quieren saber la verdad sobre las locuras de Felipe V o la productora porno de Alfonso XIII; las imaginativas corruptelas del Duque de Lerma o quienes fueron el único rey lepero de Inglaterra o Boris I de Andorra, no duden en leer este libro. Si quieren conocer o recordar las vicisitudes y desventuras que ha pasado el pueblo español durante los últimos cinco siglos de Historia, esa asignatura que la mayoría de ustedes no tocan (supongo) desde los tiempos del insti, léanlo también.

jueves, 20 de julio de 2017

Viet Thanh Nguyen: El simpatizante

Idioma original: inglés
Título original: The Sympatizer
Año de publicación: 2017
Traducción: Javier Calvo
Valoración: muy recomendable

Reluciente pegatina dorada que recuerda el premio Pulitzer obtenido por el libro, y una primera figura, como Javier Calvo, encargado de la traducción. Normal apostar por este libro que, apenas leídas media docena de páginas, ya se hace difícil abandonar. El primer capítulo es impactante: una operación de evacuación realizada en el aeropuerto de Saigón en el justo momento en que la ciudad cae a manos del Viet Cong: los norteamericanos certifican haber perdido la guerra y salen despavoridos acompañados de unos pocos afortunados habitantes locales que quieren librarse de las previsibles represalias del bando ganador. Más que previsibles, seguras, como corresponde a toda Guerra Civil que se precie, y Ho Chi Minh, uncle Ho, no va a ser menos. La escena del embarque del avión, entre sospechas de delación, proyectiles de mortero que destruyen las pistas del aeropuerto, disparos emboscados, no se sabe si de amigos o enemigo, que se cobran víctimas inocentes, acaba tomando otra dimensión, incluso albergando dudas, a la vista del desarrollo de la novela.

Novela que empieza poniendo las cosas claras, en las tres primeras frases. El Capitán es un infiltrado: un Viet Cong, un topo que huye de ese Saigón que cae, junto a los pro-americanos, y se establece en USA. Que se convierte en el primer apoyo del General, en su hombre de confianza mientras se aposentan y empiezan a organizar algo parecido a una resistencia en el exilio. El Capitán puede dudar en su pensamiento, pero sus hechos son coherentes. No duda en asesinar a quien se le sugiere pues él ha de ser parte activa en la búsqueda del topo que se ha infiltrado, y él sabe que está siendo terriblemente injusto, pero cumple con su deber. Y va informando de esos movimientos a su país de origen, aunque sea a costa de delatar o comprometer a gente a la que aprecia. Incluso cuando es reclutado por el Cineasta (trasunto del Coppola de Apocalypse Now) para enmendar el guion de una película sobre la guerra del Vietnam que se rueda en Filipinas y en la que ningún vietnamita es invitado a intervenir. Uno más de los muchos pasajes excelentes que llenan la novela. Nguyen puede haber escrito uno de los libros del año, aportando esa perspectiva del desplazado que va adaptándose a su país de destino, que va relativizando los vínculos con su origen, que va acortando los párrafos de una teórica bitácora del exiliado porque él está exiliado con una misión, sí, pero no deja de adaptarse, evolución manda, al país en que se encuentra.

No son gratuitas las menciones de la contraportada, a Le Carré o Graham Greene. El simpatizante es una novela brillante, adictiva, muy hábil, perfecta en su estructura (una veintena de capítulos sobre la veintena de páginas que ayudan a administrar perfectamente tanto lectura como golpes de efecto) y que cuesta etiquetar en un género concreto. Del thriller de espías con personajes ambiguos (siempre asoma la duda tras los personajes que le frecuentan, si no son otros agentes dobles vigilando sus pasos) y con alguna trama que queda sin resolverse adecuadamente (su relación con la señorita Mori queda abruptamente inconclusa) para los férreos parámetros de la literatura de intriga, esa que no deja cabos sueltos, puede pasar a esa literatura introspectiva, como un Conrad o un Kafka adaptados a los tiempos que corren, a la necesidad de la definición de un escenario visual.  Sea el curso de un río, sea una sala de tortura, sea el mencionado aeropuerto lleno de cráteres producto del bombardeo. Es la única duda que me ha dejado esta entretenidísima novela. Si Nguyen pretendía construir un enigma y resolverlo, pero aquí (las reflexiones personales e ideológicas tienen mucho que decir sobre la condición de refugiado, la esencia de la política americana de la guerra fría, el choque de culturas y mentalidades) la escritura está claramente por encima de los límites de género. O si, por el contrario, deseaba demostrar su experiencia acerca de la versatilidad del ser humano que evoluciona en un entorno nuevo y deja atrás el pasado, y ha optado por dotarlo de un envoltorio atractivo y casi aventurero. En este sentido, me ha desconcertado un poco la presencia de esos dos capítulos finales, cuando hasta la estructura de la narración se altera (pasamos del bloque del monólogo al ritmo del diálogo casi entrecortado por las circunstancias en que éste se produce) y nos damos cuenta, o ése ha sido mi caso, que Nguyen no quería restringirse a la resolución de una situación, sino intentar algo más (no sé expresarlo de otra manera) universal.

miércoles, 19 de julio de 2017

Ana Rossetti: Alevosías

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1.991
Valoración: Decepcionante (por lo menos)

Mal asunto. Literatura erótica, escrita además por una mujer, y servidor empieza por calificarlo de Decepcionante. Demasiados boletos para la rifa de los improperios (reprimido, machista, facha…) Pero qué le vamos a hacer. Eso ocurre por echar mano del primer libro desconocido que aparece por la estantería. A veces el resultado es bueno y por tanto la sorpresa más agradable. Y otras… pues eso. La curiosidad mató al gato.

Pues efectivamente, este ‘Alevosías’ (me ahorro comentarios sobre el título) es una colección de ocho relatos de corte erótico que recibió en su día el premio Sonrisa Vertical –que es, por cierto una marca de prestigio en ese ámbito. Y, oiga, no nos andamos por las ramas: a las primeras de cambio nos encontramos ya a un par de primos preadolescentes metiéndose mano en tareas de exploración recíproca, y en un visto y no visto pasan a no dejar miga en el mantel. Los dos chicos son sustituidos en el siguiente relato por dos hermanas, la pequeña de apenas ocho o nueve años, que se ponen como motos en menesteres parecidos con el pretexto del juego y todo eso. Sí, bueno, después se deja caer algo sobre sus diferentes trayectorias sexuales en la edad adulta, pero esto resulta poco más que un simple adorno. Siguen sueños de alto voltaje en un tren de esos de larga distancia, con compartimentos y tal, un escenario bien propicio para este tipo de aventuras. Y todo así.

Naturalmente, línea tras línea nos encontramos con distintos tipos de fluidos y oleajes, 'cuevas resbaladizas y anhelantes’, cierto ‘succionador cilindro de terciopelo’, ‘bocas húmedas’ y ‘salvajes embestidas’. Y, sobre todo, pezones ‘de frambuesa’ y de texturas, sabores y morfologías semejantes aunque diversos, muchos pezones erectos, desafiantes, acusadores, todo un catálogo. Yo no sé si esto es exactamente literatura erótica, es decir, si el mérito consiste precisamente en describir el acto sexual y sus mil y una variantes, de mil y una formas diferentes, tirando todo el tiempo de metáforas para poner de manifiesto el grado superlativo que alcanzan el deseo y la excitación. De ser así, y si no hay nada más (como pasa en este caso) tengo que confesar que la cosa me aburre profundamente.

Hay que admitir que a la señora Rossetti  -que para eso es poetisa y autora de textos para niños, todo versatilidad- se le ve hábil en el manejo de esa miríada de adjetivos, alegorías, figuras y símbolos que se suceden sin pausa a lo largo de todo el volumen. Pero, claro, una vez que hemos asistido a un polvo, una masturbación o una felación (sin olvidarnos de los pezones), la lectura no da más de sí, es como asistir a un concurso para ver quién lo describe mejor, cuántas piruetas pueden utilizarse para el mismo fin, cuáles son las ocurrencias o imágenes más sorprendentes. Seguro que alguien dirá que no hay que quedarse sólo con el momento voluptuoso y las temperaturas extremas, que hay un mensaje profundo (con perdón), sensibilidad, agudeza psicológica. Pero, sinceramente, no soy capaz de encontrar nada de esto.

Incluso estaría dispuesto a reconocer que –si no hemos tirado la toalla antes- el libro coge algo de vuelo más o menos a la mitad, donde encontramos un par de relatos con un ambiente algo más oscuro, una pizca más de interés, y algún otro donde afloran ramalazos de humor que lo hacen más llevadero. Como uno es cicatero en las valoraciones pero también tiene su momento generoso, estas dos pinceladas me han movido a dejarlo solo en Decepcionante. Pero, no obstante lo dicho, vean ustedes: los últimos dos o tres relatos tienen un hilo común donde se toca de soslayo el tema de la infidelidad, y ahí aparece un personaje llamado Txomin, que tiene la osadía de dejar con el trabajo a medias a la señorita protagonista. Ella, con un rebote colosal, urde una sofisticada y claramente desproporcionada venganza dirigida a cargarse su matrimonio (el de Txomin). Ahí queda eso, para que se entere el vasco, cobarde, mediohombre, capullo, que a una mujer no se le hace eso. Ese es el nivel.

P.S. Aviso a mis colegas que si a alguien se le ocurre montar una semana de literatura erótica, conmigo no contéis, gracias.

También de Ana Rossetti: Señales y muestras

martes, 18 de julio de 2017

Julián Ibáñez: El matón al que engañaban las mujeres




 Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2017
Valoración: muy recomendable

Esta es la quinta entrega que Julián Ibáñez hace de las peripecias protagonizadas por Bellón, un personaje del que el autor apenas nos ha dado como referencia el apellido y su imperiosa necesidad de estar permanentemente buscándose la vida, como chivato, o matón, o gorila, descargando un camión de fruta, o aceptando cualquier chapuza que le reporte cinco, diez, veinte eurillos con los que mantenerse a flote una noche, un día más, en una supervivencia cuyo horizonte es tan corto que parece llevarlo pegado a la nariz.

No es que Bellón esté pasando un bache, una mala racha. Es que Bellón jamás ha salido del agujero. ¿Qué se puede esperar de un tipo cuyos bares de referencia son el Petunia, la Cepa, o el Elefante Blanco y mantiene su sede operativa en el Menta y Canela? Lo de Bellón no son casos, ni episodios o aventuras, es el relato de una vida en el alambre, en el que el inventario de caídas se registra por acumulación.

Julián Ibáñez (Santander, 1940) lleva escritos decenas de libros, la mayoría de género negro aunque también ha tocado el palo juvenil, y ha ido dejando títulos por un reguero de editoriales. Su estilo, áspero y directo, en el que lo puede ser contado con tres palabras no precisa de cuatro, está al servicio de historias desgarradas y lúgubres, sin moralina ni moraleja. Las aceras de los polígonos industriales, los descampados de las periferias urbanas, los puticlubs de carretera, las calles polvorientas de urbanizaciones fantasmas, el espacio que surge desde la periferia meridional de Madrid hacía el sur, son los lugares predilectos por donde pululan personajes sombríos, desesperanzados, duros de pelar, como esas chicas que hacen equilibrios sobre un bordillo.

Con Bellón, Julián Ibáñez ha dado vida a un protagonista capaz de crear un vínculo más estable con el lector. El personaje apareció en El viejo muere, la niña vive (2014) y nos ha deparado Gatas salvajes, Todas las mujeres son peligrosas (ambas en 2015) y Canino (2016) y, efectivamente, no tiene nada de heroico. Bellón no apunta ninguna virtud con la que empatizar; no es leal, ni sincero, ni honrado, ni decente. Pero como cantaba Lou Reed, Bellón nos da un garbeo por el lado salvaje. Un lado que Ibáñez, quien cita a Raymond Chandler como referente, sabe retratar con ironía, sagacidad y despiadado realismo, en primera persona. Con mucha acción y toneladas de incorrección política. Con un protagonista en las antípodas del héroe habitual del género, al que le importa un bledo la verdad, la justicia o la venganza, pues Bellón tiene de sobra con rodar otra vuelta en la ruleta de la vida y dejarse caer en alguna casilla no demasiado hostil. A ello aplica afanosamente su cerebro en El matón al que engañaban las mujeres, siempre en tensión por encontrar una nueva oportunidad, jugada, certeza, capaz de ser transformada en ingreso, ventaja, recurso. Y, por supuesto, con los chispeantes diálogos marca de la casa:
“-Había oído otra cosa.
No logró disimular cierta sorpresa.
-¿Qué otra cosa?
-…Que la rubia hizo la maleta.
Continuó mirándome.
-La rubia –dijo al fin-. Se teñía.”

lunes, 17 de julio de 2017

Rudolph Wurlitzer: Zebulon

Idioma original: Inglés
Título original: Zebulon
Traducción: Irene Oliva Luque
Año de publicación: 2008
Valoración: Recomendable

Hay una canción del donostiarra Diego Vasallo (ex de Duncan Dhu) cuya letra define perfectamente lo que le ocurre a Zebulon, absoluto protagonista del libro, a lo largo de las 320 páginas de la novela. La canción está incluida en un disco del año 2005, titulado "Los abismos cotidianos, y dice algo así como:

"La vida te lleva por caminos raros,
por la esquina más perdida de los mapas,
por canciones que tu nunca has cantado.
La vida te lleva por caminos raros.

La vida te mira con los labios pintados,
te elige y siempre se larga con otros,
y así vamos siempre dando vueltas.
La vida te elige con los labios pintados."


Y es que la novela es un perpetuo vagar por caminos extraños, fruto de una maldición que al comienzo de la misma le lanza una mujer india.

"De ahora en adelante vagarás sin rumbo, como un ciego entre los mundos, sin saber si estás vivo o muerto, o si el mundo que no ves existe, o si todo es un sueño..."

A partir de ahí comienza un viaje que puede ser un intento de liberación del pasado o una oportunidad de romper las cadenas, pero que consiste en un perpetuo seguir adelante, en una persecución de algo o alguien que es más bien una sombra, en una persecución de uno mismo.

El resto (la ubicación geográfica o temporal de la novela) es, hasta cierto punto, indiferente, aunque para trasladar esa sensación de irrealidad Wurlitzer sitúa a Zebulon en el Oeste americano, en los grandes espacios abiertos de las montañas y de la California de los pioneros, en plena fiebre del oro.

En cuanto al estilo de Wurlitzer, diría que se trata de una escritura un tanto fragmentaria o cinematográfica (no en vano es autor de importantes guiones, como el de "Pat Garrett y Billy the Kid", de Sam Peckinpah), en la que se aúnan la crudeza y la poesía. Un estilo que trae rápidamente a la cabeza el "Meridiano de sangre", de McCarthy, aunque sin ese punto "totalizador" que tiene esta última.

En cualquier caso -ya sabemos que las comparaciones son odiosas- vamos a quedarnos con que "Zebulon" es una buena novela (muy buena, por momentos) que podría ser mejor (o que me hubiera gustado más) con algo más de ritmo y con algo menos de escenas lisérgicas. Y también con que habrá una nueva oportunidad para Wurlitzer, seguramente con alguna de sus primeras novelas.

domingo, 16 de julio de 2017

Paul Auster: Brooklyn Follies

Idioma original: inglés
Título original: The Brooklyn Follies
Año de publicación: 2006
Valoración: Muy recomendable

Después de cierto tiempo sin leer a Paul Auster, uno de mis autores favoritos, caí en la cuenta que faltaba por reseñar este libro en ULAD (cosa atípica, hay mucha obra del autor ya reseñada). Con alguna duda acerca de si mis recuerdos sobre sus obras estarían mitificados por el paso del tiempo, este temor se desvanece ya en las primeras líneas. Y es que Auster siempre aporta algo, siempre mantiene unos mínimos y muy a menudo los supera con creces, como en este caso.

La novela empieza con un protagonista principal, Nathan Glass, a la edad de sesenta años. Ya de entrada, el autor nos sitúa en contexto poniendo todas las cartas sobre la mesa: Nathan habla directamente al lector y se dirige a él, cosa que en manos de otros autores podría incomodar e incluso alejarnos ante tal osadía, pero Auster saber hacerlo de forma que, acortando la distancia entre narrador y lector, consigue que el lector empatice directamente con Nathan y le coja cariño desde un inicio. Así, el protagonista nos cuenta en primera persona cómo busca un piso de alquiler en Brooklyn, lugar donde pasó su infancia, con el objetivo de vivir sus últimos días después de haber sufrido un cáncer que teme que acabe con él. En seguida nos pone en antecedentes contándonos que se dedicaba a vender seguros de vida, que estuvo casado durante más de treinta años, que ha tenido una hija y se culpa a sí mismo del divorcio. Para ocupar los días, tiene pensado ocupar su tiempo escribiendo "El libro de la estupidez humana", un libro sobre anécdotas curiosas de la gente que ha ido conociendo a lo largo de su vida. Pero el encuentro con su sobrino Tom, quien trabaja en una librería y por quien sentía una gran admiración, cambia sus planes; el propietario de la librería resulta ser todo un personaje cargado de anécdotas: mercader de arte, ex marine, ex presidiario, ex millonario... La personalidad enigmática de Harry se añade a la historia y toma posesión de ella, creando un aura de misterio que hace crecer la historia, generando un envoltorio que engloba los personajes y amplía su perspectiva, mientras los llena de historias sobre su pasado y les aporta la dosis de distracción que sus tristes y agotadas y perdidas almas necesitan. La historia se ensancha, abre el abanico de las posibilidades narrativas y en medio de ello aparece Lucy, sobrina de Tom, con sus problemas e inquietudes. Esta aparición crea una situación anómala que deberán resolver.

Hay grandes momentos que nos deja la narración. Las disertaciones sobre literatura entre Tom y Nathan nos llevan al mejor Auster, cogiendo ritmo a una velocidad abismal. A medida que avanzamos en la lectura se añaden piezas a la historia hasta conformar un puzle completo, con un alto ritmo narrativo, y con un Auster que se crece y nos proporciona páginas memorables donde la velocidad de lectura no da abasto.

Más allá de las vicisitudes de los protagonistas, Auster nutre esta historia de pequeñas pinceladas de cotidianidad, añade anécdotas de los diferentes personajes que se encuentran, componiendo una amalgama de personajes que completan una historia llena de realidad. La habilidad de Auster se pone claramente de manifiesto en esta espléndida novela, detallando perfectamente los diferentes personajes e involucrándolos en una historia conjunta que, más allá de las ramificaciones que puedan desencadenarse en cada uno de ellos, consigue mantener la cohesión del relato y encajar todas las piezas en una única historia coral. Auster es hábil en la construcción de los caracteres que conforman sus personajes y en establecer una historia de fondo, bien estructurada y narrada, con un ritmo constante y que favorece que, una vez empiezas la lectura, no puedes apartar los ojos de las páginas que te mantienen atrapado.

A través de las pequeñas historias que contiene el libro, Auster nos habla de la familia, de la calidez transmitida y sus problemas, de las relaciones satisfactorias y de las que no fructifican, de los deseos de conseguir un futuro mejor, aun y a pesar de uno mismo. Hablando directamente al lector, dirigiéndose a él, Auster se acerca a nosotros y nos hace copartícipes de las historias de sus personajes hasta el punto que, no sólo llegamos a entenderlos, sino que les cogemos cariño. Auster nos vence en la proximidad que hábilmente manifiesta en esta historia, y consigue que sus personajes pasen a un lugar siempre presente de nuestros recuerdos.

Un gran libro sin ninguna duda, lleno de suficientes matices para enriquecer el universo literario de la obra de Auster y hacer disfrutar mucho de su lectura. Por más libros que uno haya leído del autor, siempre consigue acercarse un poco más a esa íntima parte de uno donde sitúa a los escritores de referencia. Y ya queda poco para la publicación de la que puede ser su obra cumbre: "4 3 2 1". Aunque no falta mucho, la espera se hace larga, aunque siempre nos quedará la presencia de Nathan en nuestros recuerdos.

Encontraréis más reseñas de Paul Auster en ULAD aquí

sábado, 15 de julio de 2017

Douglas Coupland: Microsiervos

Idioma original: inglés
Título original: Microserfs
Año de publicación: 1996
Traducción: Juan Gabriel López y Carmen Franci
Valoración: muy recomendable

He leído algunas novelas, situadas en un momento muy concreto, a las que el paso del tiempo les ha sentado fatal. Una de ellas es Less than zero de Bret Easton Ellis. Es un ejemplo que considero paradigmático y que, al lado de Microsiervos, no muy alejada en la época, resulta más claro. Porque Microsiervos sí ha aguantado ese duro test. Y muy bien. Por mucho que nos choque su maquetación y por mucho que alguna de las marcas que figuran (¡Blockbusters!) suene a la edad de piedra, esta novela que surgió del desarrollo de un par de relatos publicados en esa Biblia del mundo tecnologico que fue Wired ha llegado a maravillarme por momentos. y lo ha hecho sin hacerme olvidar que estaba leyendo una especie de diario de la eclosión de eso llamado era de la información, eso que tanto criticamos y denostamos pero que, por ejemplo, está permitiendo tanto que yo escriba esto como que alguien pueda leerlo.

La vida de Daniel es su trabajo y viceversa. Trabaja en Microsoft y eso consiste en estar inmerso en proyectos compartidos con fechas de entrega implacables. Conlleva convivir con compañeros de trabajo de la empresa, habitar las viviendas que ésta les facilita en sus campus, estar sumergido en un espacio-tiempo de jornadas agotadoras sin estar pendiente de hora o día de la semana, todo ello a cambio de un salario, un paquete accionarial, un todo material que compense o dé la ilusión de que compense el enorme sacrificio. Los personajes de Microsiervos parecen caricaturas pero no lo son. No muestran pulsaciones humanas salvo ese torrente de consciencia que es Daniel observando lo que sucede a su alrededor, en un mundo que parece puesto del revés. Su padre, en la cincuentena, pierde el trabajo y parece que su experiencia laboral se deletee. Parece que sea él el becario y sea él el aprendiz mientras los veinteañeros, impetuosos, ambiciosos, formados, acostumbrados al nuevo hábitat, están pendientes de venerar ese nuevo tótem, Bill Gates, que les ha procurado ese perverso placebo de la falta de preocupaciones que consiste en estar siempre ocupado trabajando.
"A los 21 anyos, uno hace un pacto faustico consigo mismo; la companya para la que trabajas tiene permiso para quitarte de 7 a 10 anyos de tu vida, pero a los 30 tienes que abandonar la companya. Si no lo haces, es que te pasa algo RARO."
 Dan y sus compañeros andan obsesionados con varias cosas. Con su competidor y némesis, la Apple de 1995 (pre iPod, pre iPhone, pre iPad), con las medias de las edades de los empleados de las compañías (31,2 años en Microsoft), con piezas de Lego y su indestructibilidad, con un montón de marcas de compañías de todas clases. La cuestión del desempleo de su padre parece preocuparle relativamente: Dan no piensa que él vaya a necesitar trabajar a esa edad. Parece que piense que todos ellos a los cuarenta ya vayan a vivir de los rendimientos de sus carteras de valores y puedan huir del mundo como Thoreau en Walden o vayan a ser ese curioso tipo que vende productos macrobióticos en esa tienda al lado de tu casa que piensas en cómo narices hace para mantenerse a flote. Sus relaciones son a través de los conductos inocuos de comunicación. Teléfono, correo electrónico. Todo aséptico y a distancia, o todo en compañía de esa nueva familia que son sus compañeros de trabajo.
"He puesto un viejo compacto de Bessie Smith, y hemos seguido sentados mientras el alcohol perturbaba nuestros códigos, nuestros pensamientos, nuestras vidas, al menos durante lo que quedaba de oscuridad, hasta que nos reclamara de nuevo el trabajo."
Luego Dan y los suyos abandonan la compañía para montar Oops!, una start-up. Para intentar una aventura en solitario, para ayudar al padre de Dan, para demostrarse a sí mismos que son más que esos microsiervos esperando órdenes de sus superiores para lanzarse sobre el teclado.

A pesar de lo cual, Microsiervos no parece tanto un alegato contra el capitalismo sino contra todo el modo de vida actual, basado en la terrible competencia, en la carrera tanto por llegar el primero a los sitios como para capitalizar de forma inmediata el mérito de haber sido el primero. Lejos de ser una obra desde la que el lector observa, por el ojo de la cerradura, la existencia de esos geeks y esos nerds (vocablos intraducidos a lo largo de todo el texto, guiño importante), esta novela, dinámica, amena, no tan ensimismada como puede parecernos y desde luego plenamente actualizable a poco que uno renueve sus referencias, incorpore todos los nuevos cacharritos reales y virtuales (redes sociales, smartphones, tablets y demás) y se dé cuenta de que hay demasiadas cosas demasiado arraigadas y que es demasiado tarde para parar.

viernes, 14 de julio de 2017

Cristina Morales: Terroristas modernos

Idioma: español
Año de publicación: 2017
Valoración: muy recomendable


Pedazo de novela el que le ha salido a Cristina Morales; de ésas que (si uno fuera más ingenuo y pensara que los excelentísimos miembros que componen los jurados  de ese tipo de cotarros fuesen a leerla), diría que podría ser perfecta candidata a algún premio rimbombante, tipo de la Crítica o Nacional de Narrativa. No la leerán, supongo, porque tal y como está el patio y teniendo cuenta el título (más aún después de haber recibido el de la Crítica de 2016 la celeberrísima Patria), no se querrán arriesgar a que les apliquen un "alsasuazo". Y, sobre todo, porque sospecho que esos galardones poco tienen que hacer las obras de género. Sospecho también que  a la autora de dicha obra no le importará demasiado estar fuera de toda quiniela.

¿Qué de qué género estoy hablando? Pues de la narrativa histórica, claro... ¿qué se pensaban, que Terroristas modernos iba de un grupo etarra vintage con activistas gafapastosos? ¿De una célula yihadista que camuflaba sus barbas entre la comunidad hipster? Para nada: debemos irnos 200 añitos atrás para encontrar la ambientación de esta novela, cuando Fernando VII "el Deseado" (que también manda narices...) había ocupado el trono de España y restaurado un régimen absolutista casi peor que el anterior a la invasión napoleónica. En ese trance, en 1816 un grupo de liberales perseguidos, ex-militares o ex-guerrilleros descontentos y gentes diversas con ganas de jarana, en general, se unieron en una insólita conspiración para obligar al monarca a jurar la Constitución de 1812 e instaurar un régimen liberal. La organización de la conjura, más o menos inspirada en las sociedades masónicas, hizo que recibiera el nombre de "la conspiración de Triángulo".

Una conjura terrorista que no deja de ser una fiesta, con sus preparativos y prolegómenos, su apogeo, su desmadre etílico y la inevitable resaca. Una conjura de buscavidas y resentidos, de aprovechados y hasta pordioseros, más que de fanáticos convencidos o desprendidos idealistas. Todos embarcados en una aventura que, como ya ocurriera con la primera novela de Morales, Los combatientes -pero incluso más que en ésta-, bien se puede interpretar como un espejo irónico en el que contemplar otras pseudorevoluciones más recientes, igualmente truncadas. Porque "la Conjura del Triángulo", y supongo que no le estropeo el final a nadie, acabó en un fiasco.

Aunque lo del título tiene su coña, por otra parte... No sólo porque puede llamar a engaño, si alguien piensa que se va a encontrar un libro sobre ciberterrorismo, o algo parecido, sino porque los "terroristas" de esta novela lo que pretendían era instaurar el mismo régimen liberal en el que, con sus variaciones, vivimos ahora en España y proclamar la Constitución de Cáuno que hoy es reivindicada y homenajeada por los capitostes del statu quo político actual. Régimen que, después de todo, tiene su origen en el establecido en su momento por la Revolución francesa y contra el que se acuñó por primera vez el adjetivo "terrorista", precisamente...

Novela de hálito coral, compuesta con variopintos personajes, pues, siguiendo los cánones revolucionarios, ha de ser el pueblo en su conjunto el protagonista de ese proceso y de su relato... por más que la susodicha revolución se quede en agua de borrajas. Pero novela, sobre todo, que hace gala de unas formas, de un estilo apabullante, deslumbrante; Morales es una virtuosa y no se arredra en demostrarlo, en hacer avanzar la narración con variss líneas en paralelo, en dar saltos temporales con seguridad envidiable, en jugar con los cambios de escenario y de actores, en combinar con desparpajo y maestría el lenguaje más coloquial con el más lírico, la acción con la introspección, el erotismo con el humor... Todo un derroche, en suma.

A medio camino entre la tradición picaresca y los Episodios Nacionales de Galdós, entre La colmena y el mejor Eduardo Mendoza, entre ls poesía romántica y Siniestro Total, esta novela es una gozada, un verdadero regalo para el lector. Y qué gusto da cuando se encuentra uno.


jueves, 13 de julio de 2017

Marta Sanz: Clavícula

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: Muy recomendable

No tengo ninguna duda de que algún día los manuales de nuestros nietos hablarán de la "literatura del yo" como una de las tendencias dominantes de este comienzo del siglo XX. Ahí se incluirán las memorias, los diarios, las autobiografías, y también la mal llamada "autoficción", que incluye desde la Trilogía de Nueva York de Auster hasta los Soldados de Salamina de Javier Cercas o toda la obra reciente de Vila-Matas. Confieso que mi tendencia sobre este tipo de narrativa ha ido cambiando: cuando leí los primeros experimentos de este tipo me encantaron; llegó luego un momento de cierta saturación, en que me pareció que el modelo estaba ya agotándose; últimamente, no la soporto, como dejé claro en una famosa (o infame) no-reseña de los libros de Knausgard.

De ahí que tenga que preguntarme por qué este libro, a diferencia de los de KOK, sí que me ha gustado, y me ha gustado bastante, de hecho. Clavícula es una novela (¿autobiografía, diario, memorias, obra híbrida?) tan egocéntrica como Mi lucha: cuenta la obsesión de una escritora, la propia Marta Sanz, con un misterioso dolor que le nace en la escotadura supraesternal, el espacio entre el esternón y la garganta donde acaba la clavícula derecha; un dolor para el que los médicos no tiene solución, y que contamina cada momento de vida y consciencia de la escritora. Un monumento al solipsismo y la autocontemplación que podía haberme provocado el mismo rechazo que los de KOK, pero no. Así pues, ¿qué lo hace diferente y mucho más llevadero, más allá de que sean solo 200 páginas y no 7 volúmenes de 600 cada uno?

Después de mucho pensarlo, creo que la diferencia está en dos elementos: el humor y el formato fragmentario.

Marta Sanz habla en esta obra de dolores reales e imaginarios; de la menstruación, los calmantes, las pruebas médicas, la autocompasión o la relación con su marido. De las enfermedades y molestias físicas propias y ajenas, más o menos graves, más o menos humillantes. Y de todas ellas habla con una cierta distancia irónica, que le permite verse a sí misma como una digna sufridora y como una burguesa llorica, al mismo tiempo. Habla sin pudor de las dolencias del cuerpo y del alma, pero también habla, al mismo tiempo, de esa falta de pudor y de las consecuencias que tiene. Es muy consciente de lo que está haciendo, y lo que está haciendo le parece al mismo tiempo noble y ridículo.

La otra clave para que me haya gustado esta obra es que Marta Sanz, a diferencia de KOK, no decide contarlo todo, sino que selecciona aquello que se refiere (más o menos vagamente) al tema principal del libro, que es el dolor, y lo dispone en fragmentos de entre un párrafo y cinco o seis páginas, dando lugar a una indagación (tal como el propio texto dice) que renuncia a lo extenso para profundizar en lo intenso. El carácter híbrido del texto (las reflexiones de la autora, que dominan la obra, se mezclan con emails, relatos y poemas) es también mucho más "posmoderno" (si es que esta palabra todavía significa algo) que las larguísimas divagaciones de un hombre blanco heterosexual de clase media.

Porque Clavícula es, también, una obra muy marcada por el género de su autora: es una obra que habla de un cuerpo, y el cuerpo del que habla es el de una mujer, con su endometrio, su menopausia, sus hormonas y sus estrías. Habla de sus problemas y de los de sus amigas y conocidas (cánceres, catarros, fisuras anales, infartos). En un momento del texto, Marta Sanz se compara con Elvira Navarro, que habla de cosas parecidas en La trabajadora:
"Recogemos una inquietud de época y escribimos estas cosas porque algo nos duele, porque somos mujeres, porque tenemos o no tenemos pareja, escribimos, tenemos y no tenemos trabajo, somos españolas y blancas, posiblemente feministas, posiblemente de izquierdas. Pero nuestros libros no están escritos con las mismas palabras y, en consecuencia, no, no son iguales. 'C'est dans l'air du temps'".
Quizás lo que menos me haya gustado de Clavícula sea su final: después de doscientas páginas de dar vueltas en torno a unos cuantos temas comunes (el dolor, sobre todo, pero también el miedo, la enfermedad, la incomprensión), de pronto se introduce un punto de fuga, un crucero con sus padres, y la obra termina, sin que dé la impresión de haberse cerrado de ninguna forma. Quizás esto mismo sea un elemento posmoderno: la obra abierta y todas esas cosas. Pero incluso en el siglo XXI tanta abertura parece excesiva y deja alguna insatisfacción en el lector.