lunes, 27 de febrero de 2017

Philipp Meyer: El hijo

Idioma original: inglés
Título original: The son
Traducción: Eduardo Iriarte Goñi
Año de publicación: 2013
Valoración: muy recomendable

No es muy habitual encontrarnos con un autor que, con únicamente dos novelas en su haber, se coloque entre los grandes de forma directa en un mercado literario como el norteamericano, ya poblado de reputados escritores. Y es que no cabe duda de que la novela que ha gestado Philipp Meyer es una gran novela. Grande en volumen, grande en ambición, grande en potencial y grande en resultado. No extraña pues que esta novela fuera finalista al Premio Pulitzer en 2014.

Libro ambicioso donde los haya, explica la historia de Texas desde mediados del siglo XIX a principios del siglo XXI, centrando la acción en Texas, a partir de la narración de tres miembros de la familia McCullough (Eli, su hijo Peter y su bisnieta Jeanne). Así, a partir de únicamente tres personajes, el autor puede cubrir toda la historia familiar abarcando las diferentes épocas sin que haya vacíos temporales o inconexiones.

En cuanto al propio argumento, ya en un inicio asistimos al hecho principal que desencadena el resto de la historia: el asesinato de la madre y la hermana de Eli (y posterior secuestro de su hermano y de él mismo) a manos de los indios comanches. A partir de ahí, marcando como punto de partida la historia de Eli, se relata su cautiverio en manos de los indios. De forma paralela a la narración, separada por claros capítulos, se cuenta también la historia de su hijo Peter así como la de su bisnieta Jeanne, cada uno con una historia personal que va estrechamente ligada al devenir de la historia familiar. El autor, diestro en la narración, muestra una gran habilidad en modificar el tipo de lenguaje utilizado según quién sea el protagonista. De esta forma, es más seco o directo cuando habla Eli, más dulce o tierno cuando habla Peter y más prudente o comedido cuando habla Jeannie (único personaje que explica la historia en tercera persona).

Alguien podría pensar que una novela de 600 páginas, narrada por tres personajes diferentes, y que cubre 150 años de historia familiar puede resultar un tostón de mucho cuidado y un laberinto donde es fácil perderse. Nada más lejos de la realidad. Para hacerlo fácil, el autor añade el árbol genealógico de la familia justo en la primera página, por si necesitamos echarle una ojeada en caso de perdernos durante la narración, cosa que ocurre en muy contadas ocasiones. Y aunque podría ser una lectura compleja, por la cantidad de décadas a cubrir y la intercalación de narraciones, no lo es en absoluto puesto que el autor sabe perfectamente cuándo debe acelerar la historia para evitar los periodos irrelevantes y cuándo poner el freno para explicar con detalle los momentos clave. Además, el ejercicio de preparación de la novela es planificado y meticuloso hasta el punto que la narración compartida entre los tres personajes siempre se sucede en el mismo orden. A sabiendas de que en toda novela con diferentes narradores siempre hay alguno con el que conectamos menos, el autor salva este escollo manteniendo el orden en la narración e intercalando personajes, de forma que tenemos una intuición de lo que vendrá y consigue mantenernos enganchados en la lectura en todo momento.

La destreza del autor en construir la historia hace que conectemos con todos los personajes y equilibra su peso en la narración. A ratos, especialmente al principio, Eli te mantiene atrapado de forma que no puedes soltar el libro, te ubica mentalmente entre comanches, entre cadáveres y cabelleras cortadas, entre caballos y travesías a través de pastos y desiertos. El autor es consciente de la potencia de la historia de Eli, dedicándole más páginas a su historia que al resto (lógico, además, ya que la historia parte de él). Pero avanzando en el libro, el personaje de Peter gana en profundidad, se nutre de matices, de humanidad, a la vez que nos permite atisbar las fricciones entre texanos y mexicanos en el territorio. En la parte final especialmente, también Jeannie tiene un peso importante, completando con su historia la dificultad en la gestión del patrimonio, la lucha de la mujer en un entorno masculino, sus dudas, su batalla, defendiendo su parcela.

Gran habilidad del autor en su estructura, gran caracterización de personajes y gran historia contada porque al final, además de haber disfrutado de un gran relato, sin darte cuenta hemos sido testigos de los grandes conflictos de la época: la esclavitud, la inmigración, el auge de la riqueza por causa del petróleo, las tiranteces en las relaciones familiares y la reivindicación de los derechos de las mujeres.

Lo más sorprendente de este libro es que, a pesar de sus casi 600 páginas, una vez finalizado se tenga la sensación de que queda mucho por contar. Porque 150 años dan para mucho, y la historia es suficientemente potente para ello.  Uno termina el libro quedándose con ganas de más, pero no porque el autor no lo haya contado sino porque el escenario que se abre en nuestra imaginación cuando leemos el libro es casi interminable. Y ése sin duda es el gran mérito del autor.

domingo, 26 de febrero de 2017

Nick Hornby: Funny Girl

Idioma original: inglés
Título original: Funny Girl
Año de publicación: 2014
Traducción: Jesús Zulaika
Valoración: recomendable


Nick Hornby es un escritor que, sin duda, cae bien. Para empezar, por la contagiosa bonhomía que desprenden sus libros y eso que con frecuencia analizan el siempre espinoso tema de las relaciones humanas; después, porque escribe a menudo sobre temas "molones" o por lo menos, caros a unos u otros de sus lectores: la música pop, el fútbol, el skateboarding... Por último, a sus lectores varones nos caen simpáticos, me temo, sus personajes masculinos más conocidos: hombres que ya han dejado la primera juventud pero se resisten a hacerlo, aferrándose con tozudez infantil a esas cosas que tan a menudo nos gustan (y nos sirven de ancla con un pasado que no queremos abandonar): la música pop, el fútbol, el skat... bueno, de esto último ya se encargan los años y los achaques de ponerte en tu sitio.

En Funny Girl, sin embargo, el personaje principal -y convincentemente retratado- es Barbara, una joven de físico espectacular, que a comienzo de la década de los 60, tras ganar el concurso de Miss Blackpool, se encamina a Londres para llevar a cabo su verdadero gran sueño: convertirse en una gran actriz cómica a semejanza de su idolatrada Lucille Ball.  Tras unos  decepcionantes comienzos, consigue el papel protagonista de una comedia televisiva  para la BBC titulada -irónicamente, pues para entonces ya se ha puesto el nombre artístico de Sophie Straw- Barbara (y Jim), donde trabaja, además con sus guionistas, productor y actor favoritos de las comedias radiofónicos. La serie consigue no sólo un enorme éxito de público, sino ser, en cierta manera, la encarnación, siquiera momentánea, de los cambios sociales, culturales y hasta políticos que están ocurriendo en el Reino Unido (incluso podríamos hacerlos extensivos al resto del mundo occidental) durante esa década. Y Barbara/Sophie comienza a hacerse famosa, conocer gente famosa y vivir las ventajas e inconvenientes de ese "famoseo", cuando en realidad, lo que a ella más le complace y llena es llevar a cabo su trabajo rodeada de personas con las que congenia y se compenetra para conseguir el mejor resultado posible.

Sospecho que cualquier otro escritor habría llevado a su protagonista, llegada a este punto, por los derroteros de la tragedia lacrimógena o bien de la farsa no menos desatada. Pero Hornby no (tranquilo todo el mundo que no voy a "spoilear" nada); él se limita a seguir con el desarrollo de su historia y de sus personajes con toda tranquilidad, con cierta levedad, incluso, de manera que hay momentos en los que hasta parece que a la novela le falta "sustancia". No es que no ocurran cosas, buenas y malas o que el autor carezca de la habilidad para que nos interesemos en sus criaturas; al contrario, sin hacer alardes descriptivos ni psicológicos, consigue que les conozcamos perfectamente, que empaticemos hasta con los que parecen menos proclives a ello y que cojamos cariño a todos ellos, que participemos en sus dichas y desdichas, sin que apenas nos demos cuenta de la excelencia de la narración que estamos disfrutando. Por otro lado, toca temas de cierta enjundia, como ese cambio de mentalidad que se produjo en una época determinada, el papel de la mujer en esos cambios, la anticuada estructura social de la nación británica... y sobre todo, trata del paso del tiempo y como éste modifica las expectativas que nos creamos sobre nosotros mismos. Pero la novela habla de todo esto sin hacer demasiado énfasis, incluso sin que nos demos cuenta de ello hasta que hemos pasado la página o terminado el capítulo...

Tal vez éste sea el mayor reparo que se le puede poner al libro (y resulta un tanto ridículo decirlo): todo fluye demasiado, es demasiado fácil, demasiado "pop", si se quiere (aunque tampoco es una historia que trate sólo sobre la época pop, por más que se desarrolle en el Swinging London)... y quizás sea debido a lo que podríamos llamar "vanidad del lector", pero de vez en cuando a uno le gusta no sólo leer grandes novelas, sino que haya momentos en ellas que no dejen dudas sobre lo buenas novelas que son, precisamente. Aquí, sin embargo, la historia, contada con un estilo ágil y sencillo, con diálogos brillantes pero de una ironía cómplice, que no apabulla, va calando en nosotros como una lluvia suave en la ropa, hasta que llega un momento en que nos damos cuenta de que estamos empapados de ella; es decir, encantados con lo que estamos leyendo. En fin, no deja de ser una objeción menor; tengo claro que, de momento, Mr. Hornby va a seguir cayéndome de lo más simpático.


Otros títulos de Nick Hornby reseñados en Un Libro Al Día: Alta fidelidadÉrase una vez un padreCómo ser buenos31 canciones

sábado, 25 de febrero de 2017

Michael Muhammad Knight: The Taqwacores

Idioma original: inglés
Resultado de imagen de the taqwacoresTítulo original: The Taqwacores
Año de publicación: 2004
Valoración: Muy recomendable




Hará un par de años me interesé por esta novela, luego se perdió entre la vorágine de proyectos. Puede que para algunos lectores no sea ninguna novedad, pero a mí en aquel primer contacto me pareció algo bastante apartado de mis referencias habituales y ahora, después de su lectura, siento que he tenido la suerte de poder echar una ligera ojeada al enorme abismo que media entre unas mentalidades y otras.
Para quienes no hayan oído hablar de él, Michael Muhammad Knight es un neoyorkino de antepasados irlandeses, nacido católico hace cuatro décadas, que siendo adolescente descubrió el islam a través del hip hop e inició el proceso que acabaría en su conversión. Esto puede dar una idea de por dónde van los tiros: la música es junto con la religión el nexo que conecta a los personajes (principales y secundarios), lo que les obsesiona, entusiasma, da sentido a sus vidas, forja amistades y hasta inspira algún ambicioso proyecto imposible de realizar de no existir una pasión común.
Si he entendido bien, esta novela parte de un momento de crisis, de la necesidad de aclarar ideas, pero su evidente sinceridad acabó convirtiéndola en un texto de culto que suele considerarse El guardián entre el centeno de la cultura islámica. Las comparaciones de este tipo no suelen ser muy certeras, pero en este caso –salvando todas las distancias y teniendo en cuenta que esta teoriza mucho más– me parecen bastante razonables.
Yusef Ali repasa los recuerdos de su época de estudiante universitario en Buffalo, cuando compartía piso con un grupo de chicos musulmanes y una chica, Rabeya, nada convencionales a pesar de sus creencias, excepto uno de ellos, Umar, el único que defiende con decisión la ortodoxia.
Taqwacore alude al punk islámico, un movimiento, entonces latente, que se desarrolló a raíz de la publicación de la novela y que combina el hardcore con la piedad o culto (taqwa). Tenemos, pues, toneladas de música, mucha ideología –en forma de cuestionamiento constante, de alusiones a las reglas y de flagrantes contradicciones– y un tercer elemento, la amistad, que no suele faltar en los relatos de aprendizaje. Una amistad –que de tan verosímil llega a ser palpable– estrecha, entrañable, más allá del simple compañerismo y, por tanto, potencialmente conflictiva.
En teoría, Knight no entra en grandes complicaciones literarias, pero tampoco sería coherente con un planteamiento que exige justamente lo que encontramos: sencillez, movimiento, mucho diálogo y la empanada mental consiguiente. Con un clímax narrativo muy bien dosificado y mediante un sinfín de argumentaciones, incoherencias, heterodoxia, discusiones, indecisión y ambigüedad, vamos conociendo al protagonista y a toda una colección de individuos, Jehangir Tabari, Ayyub el Magnífico, Fasiq, Dawud el Rude, a cual más peculiar y emblemático. Todos ellos cargan con la radical contradicción de conciliar el punk –asumiendo lo que conlleva de rebeldía, iconoclastia, rechazo frontal a cualquier regla impuesta– con una religión tan repleta de dogmas, barreras, mandatos y recomendaciones, tanto gestuales como éticos, que hace falta un glosario final para entender mínimamente toda la complejidad que encierra. Rituales ejercidos o no al pie de la letra, relaciones sexuales, alcohol y drogas, vestimenta femenina, contacto con la cultura americana directamente o a través de la televisión y otras muchas cuestiones polémicas. El libro está lleno de preguntas, son las dudas del propio escritor que, aprovechando su pertenencia al bildungsroman, caen como mazazos interrogando al lector e interrogándose. Supongo que el hecho de tener otras creencias de origen le proporciona, además de un torturado escepticismo, perspectiva y capacidad crítica difíciles de conseguir de otra forma.
Si todo esto causó sensación entre su público natural, puedo imaginarme cómo habrá caído en la juventud de otras latitudes ideológicas. Tanto es así que el término aprendizaje no se limitaría a los protagonistas: el lector profano en la materia –y no solo el juvenil– aprende algo de doctrina coránica, reflexiona sin parar junto a ellos y se implica afectivamente en la trama.
En 2010 se estrenó la película homónima, que participaría en el Festival Sundance de Cine Independiente; en España, se presentó al Festival Internacional de Orense. A esta novela le siguió otra decena y todas ellas prometen, no habrá más remedio que seguirle la pista al autor.

viernes, 24 de febrero de 2017

Mariana Enriquez: Los peligros de fumar en la cama

Idioma original: Español
Año de publicación: 2009
Valoración: Muy recomendable

Hay que ser una muy buena escritora para, con tan solo dos libros publicados (al menos en España), haber creado un universo literario tan personal y tan perfectamente reconocible para sus lectores como el de Mariana Enriquez, un universo poblado por personajes extraños y frágiles, con miedos inexplicables e irracionales, enfermizas obsesiones y perversiones (valga la redundancia), delirios, violencia .

En esta ocasión, aprovechando el merecido éxito de "Las cosas que perdimos en el fuego", Anagrama presenta una colección de 12 relatos anteriores al citado volumen. Y aunque uno tiende a sospechar de estas publicaciones que aparecen al amparo de recientes éxitos de crítica y público, he de decir que los relatos que componen "Los peligros de fumar en la cama" poseen por sí solos entidad suficiente para que formen un buen libro.

Estos relatos indagan en el universo que, con más profundidad, conocimos en "Las cosas que perdimos en el fuego". Sus relatos, todos ellos protagonizados por mujeres jóvenes o adolescentes, insisten en presentar un mundo turbio, marcado por la violencia, contra uno mismo o contra terceros, el miedo a lo desconocido, los terrores cotidianos, etc. Todo ello en un ambiente de locura que, en muchas ocasiones, parece ser una válvula de escape de la realidad.

Una de las principales virtudes de los relatos de Enriquez es que las situaciones de las que hablan no son explicadas. Los miedos y las obsesiones existen, sin más. No sabemos qué los ha podido provocar, apenas podemos intuir sus motivos. Y quizá sea mejor así, no solo por lo que pudiera pasar, sino porque casa mejor con el ambiente opresivo o de "terror psicológico" de los relatos.

Como ya hizo Francesc en su reseña de "Las cosas que perdimos en el fuego", no voy a destacar ninguno de los relatos ni a contar nada más de ellos. Sería injusto destacar unos sobre otros. Lo que sí que voy a hacer es recomendar que os acerquéis a los libros de Mariana Enriquez. Pero hacedlo con cuidado porque puede tener efectos secundarios en forma de pesadillas o visiones, ya que fantasmas, suicidas, pervertidos voyeurs, brujas o, incluso, antropófagos acechan en sus páginas.

Tambien de Mariana Enriquez en ULAD: Las cosas que perdimos en el fuego

jueves, 23 de febrero de 2017

Gonçalo M. Tavares: Un viaje a la India

Idioma original: portugués
Título original: Uma viagem à Índia
Año de publicación: 2010
Valoración: recomendable

"¡Otra vez tú! ¡Dos días seguidos!" Pues sí, con permiso de mis compañeros de blog, y contando con la paciencia de los lectores, aquí vuelvo a la carga otra vez, y otra vez con un libro de la literatura portuguesa. Y lo hago por un motivo: porque este Viaje a la India de Gonzalo M. Tavares es, de una forma creo que bastante clara y deliberada, una actualización posmoderna y autoirónica de Os Lusíadas de Camões. Así que tenía sentido comentar los dos libros seguiditos, uno bien cerca del otro.

¿Y qué es lo que relaciona las dos obras? Pues para empezar, el género: los dos son poemas épicos, escritos en Cantos y divididos en estrofas numeradas (aunque Tavares, claro, no escribe en octavas como Camões, sino en estrofas de extensión variable y verso libre). En segundo lugar, el tema: un viaje desde Lisboa a la India; aunque aquí comienzan ya las diferencias, porque si Os Lusíadas cuenta el viaje de Vasco de Gama rodeando el continente africano con sus naves, el protagonista de Un viaje a la India, Bloom, que huye de Lisboa perseguido por la sombra de un doble crimen, llega hasta Asia por un camino más cómodo y civilizado: en avión, pasando por Londres y París.

Hay también otros elementos que hacen pensar que Gonzalo Tavares tiene muy presente la obra de Camões (como no podía ser de otra forma, como escritor portugués que es): las peripecias iniciales de Bloom en Londres, perseguido por varios matones, y su buena acogida en París, recuerdan a episodios semejantes de Os Lusíadas, en que Vasco de Gama y su tropa tienen que huir de Mozambique y Mombaça, antes de ser bien acogidos por el rey de Melinde. Y los episodios finales, ya a la vuelta del viaje, en que Bloom se distrae con unas prostitutas parisinas, recuerda una vez más al famoso capítulo de la Isla de los Amores que aparece al final del poema camoniano.

Naturalmente, hay entre las dos obras diferencias más profundas que un simple cambio de itinerario. La más importante es que Os Lusíadas es, muy deliberadamente, una epopeya nacional, mientras que Un viaje a la India es a la vez individual ("no vamos a contar la historia de un pueblo", dice literalmente un verso) y cosmopolita: el protagonista, aunque lisboeta, se llama Bloom (como el protagonista del Ulises, claro), y los pasajes sobre la historia de Portugal y sus héroes han sido sustituidos en la nueva obra por reflexiones de los personajes sobre la vida, la muerte, el amor o las mujeres. (Sí, Un viaje a la India es una obra con un cierto tono machista, o por lo menos macho: la mirada masculina es la única que tiene acceso al texto, y las mujeres que aparecen son casi siempre objetos de deseo y no sujetos de acción).

La otra gran diferencia entre Un viaje a la India y Los Lusiadas es el tono: declamatorio y épico en la obra de Camões (como correspondía a su espíritu y a su época); posmoderna, autoconsciente y levemente irónica en la de Tavares, que hace que la lectura sea sorprendente, llena de pequeñas trampas y giros lingüísticos, poéticos y narrativos. Tanto Bloom (que es al mismo tiempo un aventurero, un proscrito y un viajero diletante) como el narrador, que por momentos asoma la cabecita entre los versos, como otros personajes secundarios, aprovechan las oportunidades que se les ofrecen para bromear con el lector, con otros personajes o con la propia trama.

Y sin embargo, se habría agradecido que hubiera todavía más ironía y parodia (como por ejemplo en otro poema épico contemporáneo, Levante de Cartarescu), porque el Viaje a la India mezcla fragmentos en los que se ve un distanciamiento humorístico del narrador o los personajes, con otros en los que se imparte una cierta sabiduría new age (estamos en la India, al fin y al cabo) que llega a resultar algo cargante en su grandilocuencia. Quizás la búsqueda de grandes frases o versos (esos que luego aparecen citados en montajes con amaneceres en facebook) le haya podido a Tavares, que en cambio cuando se toma menos en serio, resulta mucho más simpático.

Dice la faja que rodea el libro (en Portugal por lo menos) que "algún día se escribirán tesis doctorales sobre los versos de Un viaje a la India". No tengo ninguna duda sobre ello, porque el poema es original, muy posmoderno, atractivo y divertido por momentos, y crea juegos interesantes con la tradición literaria anterior. El problema que le veo, quizás el mayor, es que por momentos Gonzalo M. Tavares parece estar pensando ya en las tesis doctorales que se escribirán sobre su obra, posando para la fotografía, por decirlo así. Y aunque es un gran escritor (uno de los mayores de la literatura portuguesa actual), está mal que se lo crea demasiado.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Luis de Camões: Los lusíadas

Idioma original: portugués
Título original: Os Lusíadas
Año de publicación: 1572
Valoración: Ufff

Es difícil enfrentarse ingenuamente, con la inocencia del lector que lee únicamente por placer, a obras que tienen el peso histórico y canónico de Os Lusíadas, de Camões, y más cuando se vive en Portugal, un país en el que todos los niños están, al menos en teoría, obligados a leer esta obra con 14 o 15 años. En la figura de Camões (o como se solía escribir en español, Camoens) se siente todo el peso de la historia y la crítica literaria: desde que fue exaltado por los románticos europeos como gran poeta de la nacionalidad hasta hoy, son miles las páginas escritas (sobre todo, pero no solo, por portugueses) alabando la inventiva del escritor, su estilo, su originalidad, su fuerza poética, su elocuencia.

Y se comprende perfectamente que esto sea así, en cierto modo. Os Lusíadas es, más que ninguna otra que yo conozca, una epopeya "nacional", o sea, de exaltación de la patria y su glorioso destino. El argumento central, que, eso sí, contiene muchos desvíos, narra el viaje de Vasco de Gama desde Lisboa hasta la India, dentro de las campañas de Descubrimientos de los portugueses en Asia. Este viaje se ve entorpecido por la oposición de Baco y ayudado por Venus (en una mezcla de mitología clásica y exaltación cristiana que puede resultar chocante, pero que es muy de su época). Entre los peligros que encuentran a su paso se incluyen las traiciones de los pérfidos musulmanes (Os Lusiadas sería una obra muy del gusto de Trump, si supiese leer), monstruos mitológicos como Adamastor, titán que habita el Cabo de las Tormentas, o las propias tempestades marinas, provocadas (o no) por los dioses. Afortunadamente para los marineros de Vasco de Gama, su llegada a la India tiene premio doble, porque a su regreso son empujados por Venus hasta la Isla de los Amores, donde tienen ocasión de reposar en brazos de bellísimas ninfas.

No seré yo quien ponga en duda la maestría estilística y versificadora de Camões, no solo por escribir un poema de diez cantos en octavas perfectas, sino sobre todo porque la obra tiene fragmentos, sin duda, que dan para leer y releer y disfrutar y analizar cada una de las palabras escogidas, cómo fueron escogidas y colocadas en el poema, y los efectos que se consiguen con ellas. Algunos episodios, como el de Adamastor o el de la Isla de los Amores (que es el más picante de todos, claro), o también algunos pasajes en que la épica deja paso a la lírica, se destacan sobre el conjunto y han sido justamente ensalzadas por la crítica y retomados por la cultura portuguesa posterior.

Y sin embargo, sin embargo... la lectura íntegra y seguida de Os Lusíadas no es, me temo, una experiencia placentera, no ya para un niño de doce o trece años, sino ni siquiera para un lector adulto medio, especialmente uno que no sea portugués. Una parte importante de su contenido (los cantos III y IV, y también el VIII) está dedicado a contar la historia de Portugal, desde su fundación mítica hasta los tiempos de Camões, y a presentar a algunos de sus héroes nacionales, como Viriato, Afonso Henriques o Egas Moniz. Los pasajes en que los dioses discuten sobre el destino de los héroes tampoco son lo más atractivo del poema, por decirlo finamente. Quiero decir que hace falta una sensibilidad poética muy afinada, un patriotismo portugués muy exaltado y/o un gusto muy depurado por los clásicos para que Os Lusíadas no se haga pesado hasta el punto de sentir la tentación de abandonarlo.

En resumen, lo que quiero decir (y de ahí la valoración tan peculiar que le he puesto) es que en esta obra existe una distancia enorme entre el valor filológico de la obra, e incluso su valor estético como monumento de la lengua portuguesa, y el placer que esta obra puede proporcionar actualmente a un lector no académico. No es, desde luego, una lectura adecuada para principiantes, salvo que sea dada en pequeñas dosis y con mucha ayuda. Y me pregunto hasta qué punto muchas de las personas que alaban esta obra como siendo una maravilla del arte literario realmente la han leído, la han entendido y han disfrutado con ella, o si simplemente repiten lo que se les dijo que tenían que decir (algo que, por otra parte, cabe preguntarse de la mayor parte de los grandes clásicos).

Y creo que con esto, he perdido cualquier posibilidad de conseguir algún día la nacionalidad portuguesa.

martes, 21 de febrero de 2017

Kingsley Amis: Cuentos completos

Idioma original: inglés
Título original: Complete Stories
Años de publicación: 2011 (como libro)
Traducción: Raquel Vicedo 
Valoración: está bien

Me temo que para muchos lectores, al menos para los no británicos, el señor Kingsley Amis, de sonarles, no pase de ser el padre de la estrella del rock'n'roll de la literatura inglesa Martin Amis (un indicio algo chusco de lo que escribo: en la entrada de la wikipedia en español correspondiente a Kingsley Amis aparecía hasta hace poco una foto... de su hijo). Confieso que también para mí era apenas poco más que eso. Y sin embargo, el bueno de Sir Kingsley se había ganado su puesto en la historia de las letras inglesas desde los años 50, como representante del movimiento conocido como los Young Angry Men, los "jóvenes airados" que protestaban contra el orden establecido en la sociedad y la literatura británicas (aunque después se volviese menos airado o incluso airado con los que se decían airados. pero eso suele pasar...). Dispuesto a enterarme de primera mano de su valía literaria, me decidía leer, en vez de alguna de sus muchas novelas, este volumen -por lo demás grueso, aunque sólo cuente con veinticuatro relatos en él- de sus Cuentos completos.

Ordenados éstos cronológicamente, según parece, encontramos aquí un poco de todo: los tres primeros se desarrollan en el mismo ambiente, el batallón del Real Cuerpo de Señales en el que sirvió Amis durante la II G. M., y casi los mismos personajes... incluso se podría componer el núcleo de una novela con ellos. Después vienen otros tres, quizás de los mejores relatos de la recopilación (Sangre en las venas, Toda la sangre que hay en mí, Querida ilusión), en los que prima la ironía y el desengaño hacia diferentes aspectos de lo que se parece constituir una cierta visión amable del mundo: el paternalismo "progre" hacia los desfavorecidos, la automitificación del pasado juvenil o el ensalzamiento papanatas de obras literarias de calidad dudosa (supongo yo que estos relatos deben corresponder a la época en la que el autor se estaba distanciando de su pasado de comunista acérrimo y deslizándose hacia una derecha desengañada).

A continuación el volumen nos ofrece otros cuentos que corresponden, en líneas generales, con relatos de ciencia-ficción, otro de los géneros que Kingsley Amis cultivó. Ahora bien, si el primero de ellos Algo extraño, que se desarrolla, en principio, en una remota estación espacial, podría ser considerado como de "ciencia-ficción clásica" (recuerda en algún momento al Solaris de Lem, los siguientes cuatro pertenecen directamente al género del cachondeo: se refieren a unos científicos que inventan una máquina del tiempo y la aprovechan para enterarse de qué va a ocurrir en el futuro con una de sus aficiones preferidas: las bebidas alcohólicas y espirituosas (ésta, la del bebercio, parece que también era una de las actividades favoritas de Amis, que incluso escribió varios libros sobre el tema). El duodécimo cuento también tiene una impronta ci-fi, pero al mismo tiempo entra dentro de otra categoría, la de los relatos "metaliterarios"; se titula Hemingway en el espacio y, como parece bastante evidente, se trata de una parodia de uno de los cuentos africanos del autor norteamericano, pero que se desarrolla en una cacería espacial. Bastante divertido.

Casi todo el resto de los relatos tiene también ese carácter "metaliterario "o "metahistórico". Encontramos desde un Dr. Watson que se dedica a resolver un misterio por su cuenta -y a su peculiar manera- o las aventuras de un agente literario secuestrado por razones misteriosas. E incluso un "metacuento", ¿Quién o qué era?, que se basa en una novela fantástica del propio Amis, El hombre verde. La sección "metahistórica" se ve representada por un relato en modo guionizado sobre la famosa carga de la Brigada Ligera en Balaclava y una ucronía sobre el comienzo -y en cierto modo , el fin- de la II Guerra Mundial, bastante conseguida. Aún así, el interés de todos estos cuentos, pese a estar escritos con la eficacia y pulcritud propias de este autor, es bastante relativo, al menos para el lector no anglófono y sin demasiados conocimientos sobre la historia y literatura británicas... Por ejemplo: ¿realmente es tan intrigante El secreto del Señor Barrett, sobre el padre de la poetisa Elizabeth Browning (y suegro de Robert, por tanto)? Pues para mí no, la verdad (aunque sólo soy un inculto dago...).

Entre este segundo bloque que constituye la mitad de los cuentos, también hay entreverados, cuatro relatos que no tienen este carácter "meta-lo que sea": La casa del promontorio y Boris y el coronel, del género de espionaje  (parece que Amis estuvo involucrado, de una forma u otra, con la creación de las novelas de James Bond), aunque resueltas de forma harto diferente. La vida de Mason resulta ser un sugerente cuento onírico. Y, por último, Un tirón del hilo -tal vez el relato más ambicioso de todos- versa, a partir de la figura de un pastor anglicano que descubre que tiene un hermano gemelo, sobre el libre albedrío, la fe religiosa e incluso el espejismo que puede suponer -o no- la convicción en un destino humano.

Por acabar ya: un libro de relatos escritos con gran corrección, ironía y hasta brillantez en algunas ocasiones, pero a los que, en su mayoría, les falta ese toque, esa vuelta de tuerca (y no me refiero a la consabida sorpresa final o algo parecido), que convierten un cuento interesante en uno bueno o uno bueno en excelente. También es cierto que Kingsley Amis, según reconoce él mismo en el epílogo, destacaba más como novelista que como cuentista: la de la novela era su "distancia".  En fin, pues habrá que leer alguna, a ver qué tal...