domingo, 21 de enero de 2018

Trevor Noah: Prohibido nacer

Idioma original: inglés
Título original: Born a crime
Traducción: Javier Calvo
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable


Trevor Noah es un fenómeno mediático de primer orden desde que Jon Stewart lo designara como su sucesor al frente de The Daily Show (un famoso late-night talk en EEUU). Y no lo menciono como mero relleno introductorio, sino para que quede bien claro que cualquier cosa que se publicara a partir de aquel momento, bajo la autoría de Trevor Noah, tenía todos los números para arrasar en el mercado editorial. (Para que luego digan que Penguin Random House no apuesta por autores noveles).

Resumen resumido: las vivencias de Trevor Noah en su Sudáfrica natal durante y después del apartheid. Se trata de un periodo que se remonta antes de su ilícito nacimiento (puesto que conoceremos las andanzas de su madre, la díscola Patricia Nombuyiselo en los años previos a la concepción, también ilícita, de su primogénito), hasta que éste se emancipa del hogar familiar. 


Prohibido nacer no es alta literatura ni lo pretende, es un producto editorial con una factura muy cuidada y una buena estrategia narrativa. Se sustenta en el interés por un hecho histórico y controvertido (el apartheid), en el punto de vista en relación a los hechos (reales) y en la voz del narrador ¿Y qué tiene de especial esta voz?
  • Es la voz de una víctima.
  • Se dirige al lector con franqueza para explicar unos hechos que le han dejado una profunda marca emocional, 
  • Hace auto crítica y no cae en la auto compasión, 
  • Destila cierta inocencia (dada la corta edad del protagonista en buena parte del relato) 
  • Es ágil y fresca y ameniza la lectura por muy triste que pueda resultar lo que relata. 
Todo eso contribuye a que el lector confíe en el narrador y empatice con su situación prácticamente desde la primera línea. Más allá de eso, Trevor Noah juega también la carta de explotar su vis irónica y mordaz, no solo en el estilo si no también en la mirada; Trevor Noah es capaz de darle la vuelta a cualquiera de sus anécdotas sobre miseria, segregación o incultura:
«En todos los barrios pijos hay una familia blanca a la que se la suda todo. Ya sabéis de qué familia estoy hablando. No cortan el césped, no pintan la cerca y no arreglan el tejado. Tienen la casa hecha una porquería. Pues bien: mi madre encontró esa casa y la compró, y de esa forma consiguió meter a una familia negra en un sitio tan blanco como Highlands North».
Los arranques de capítulo suelen ser de este estilo, más parecidos a un monólogo humorístico, y te ríes y mucho; el desarrollo posterior mantiene la agilidad y el tono desenfadado sin que ello vaya en detrimento de la exposición de los hechos que, por muy tristes que sean, siempre lucen una pátina luminosa. Porque así son Trevor y su madre: dos almas positivas y peleonas, y ese espíritu impregna toda la narración. Me han gustado especialmente las reflexiones en relación a las diferentes lenguas y a las diferentes razas:
«El racismo nos enseña que el color de la piel nos distingue. Pero como el racismo es estúpido, es fácil engañarlo. Si eres racista y conoces a alguien que no tiene tu aspecto, el hecho de que no pueda hablar como tú refuerza tus prejuicios racistas. Esa persona es distinta, menos inteligente. (...). Sin embargo, si la persona que no tiene el mismo aspecto que tú habla el mismo idioma, tu cerebro se cortocircuita porque tu programa racista no incluye esas instrucciones en el código».
Antes mencioné una estrategia narrativa. El libro se estructura en tres partes que van desarrollando de un modo más o menos cronológico la infancia y juventud del protagonista. El interés por las vivencias de Trevor Noah está en su mismo origen: una madre muy negra —xhosa— y un padre muy blanco —suizo— en pleno apartheid (que nadie se me ponga nervioso que eso se explica en la contraportada). También en la contraportada se puede leer: «Mi madre me quería tanto, que tuvo que tirarme de un coche en marcha para que huyera». Lo uno y lo otro ya da para tener al lector pegado al libro un buen rato. Pero el mayor intríngulis está justo en aquello que no se cuenta o solo se menciona puntualmente, una vez en la primera parte, una vez en la segunda y al final de la tercera conocemos el desenlace. Hablo de violencia, son los únicos momentos en los que la voz del narrador se ensombrece por la incomprensión y la tristeza. Porque Trevor Noah y su madre salieron airosos de la violencia del sistema pero no les fue tan bien con la violencia doméstica. Y estas memorias son, con apartheid o sin él, un amoroso homenaje de un hijo a su madre, una mujer muy muy especial como podréis comprobar. 

Tal vez por lo mucho que se dilata innecesariamente la historia con el fin de postergar al máximo el clímax final, es por lo que a partir del último tercio tuve la sensación de que la narración perdía fuerza y ya no aportaba nada nuevo. Cuesta creer que una vida como la de Trevor Noah no dé para trescientas páginas interesantes, el lector se muere de ganas por saber cómo ese muchacho larguirucho y espabilado logra escapar de la miseria y acaba siendo el presentador de uno de los late más reputados de EEUU. Pero eso no te lo cuentan. Te quedas con que se emancipa de casa siendo muy joven y sin intención de ir a la universidad, y lo que sucede entre ese momento y su regreso para el gran final dramático (cuando él ya se ha hecho un nombre en la televisión Sudafricana) se sustrae deliberadamente y como lector te sientes estafado lo más grande; blasfemas, pataleas y maldices aún a sabiendas que igualmente comprarás esa segunda parte que ya debe estar lista y a la espera en algún cajón de madera de la buena. 

En cuanto al título, Prohibido nacer hace referencia directa al conflicto del narrador y protagonista ya que él es la consecuencia de la cópula (ilegal) entre dos miembros de dos razas distintas. Más allá de eso, sintetiza de un modo contundente la estupidez legislativa del aparato apartheid (en el libro se dan ejemplos de algunas de aquellas leyes y os aseguro que son dignas de enmarcar y colgar en el salón). El título original Born, a crime va en la misma dirección aunque resulta más emotivo y menos mordaz. 

No obstante y a pesar del molesto tufillo mercantilista, me reitero en mi recomendable (alto). Es difícil resistirse a un libro que tanto enseña como divierte y emociona.

sábado, 20 de enero de 2018

Toni Morrison: La noche de los niños

Resultado de imagen de la noche de los niños amazonIdioma original: inglés
Título original: God Help the Child
Año de publicación: 2015
Valoración: Está bien


No le hacía ninguna falta. A Toni Morrison, digo, no le hubiese hecho falta publicar esta novela. Ni siquiera escribir nada que esté, aunque sea ligeramente, por debajo de lo que ya tiene en su haber. ¿Una historia de amor? Sí, pero tan increíble, tan traído por los pelos todo. El amor pero también lo demás. Protagonistas  vulnerables en su fortaleza, o viceversa, como todos los suyos. Ambientación contemporánea para variar, nada de ecos del pasado. Un argumento que le podría haber quedado más sólido si no se multiplicasen las coincidencias. Y, sobre todo, si estas coincidencias no se refiriesen a lo innombrable. Porque se puede hablar de (casi) todo, y la clave está en ese adverbio del que, obviamente, no tengo nada que decir. Es más, si hubiese barruntado que la cuestión se abordaba aquí –y más con tanta insistencia –jamás hubiese abierto el libro.
Todo se acaba, hasta el genio de los genios. Ojo, hablo de genialidad, que no hay que confundir con el oficio, este permanece mientras se conserven las facultades intelectuales. Y oficio sigue habiendo, lógicamente. Por eso, y a pesar de tópicos como el de la belleza absoluta, de la incomprensible superficialidad, a pesar del morbo que asoma de vez en cuando, no puedo hablar mal del todo de La noche de los niños: está claro que no es lo mejor de su autora, pero hay que tener en cuenta que sus obras menores siempre estarán por encima de lo más destacable de otros.
Morrison, creadora de personalidades entrañables, nos regala a una protagonista particularmente simpática. Bride se reinventa a sí misma tras una infancia sin cariño por culpa, no de su raza, sino de la intensidad de esta. Resulta interesante observar los sinuosos caminos  que recorre la sinrazón para ejercer sobre sus víctimas el mayor de los daños posibles. Ahora resulta que la raza tiene grados. Por eso, no solo los que logran pasar desapercibidos –como ocurre en Imitación a la vida (película de 1959) o en La mancha humana de Philip Roth– también los reconocidos y reconocibles pueden avergonzarse de los otros, más oscuros que ellos. Pero la vida es tan inclemente que ¿quién podría culparles de algo así?
Bride es, además, toda una campeona. Aunque deba superar una infancia traumática y una culpa de la que no es responsable ¿cómo calificar su meteórica carrera con solo veintitrés años? ¿Cómo obtiene esa seguridad de haber llegado a la cumbre que jamás se pone en cuestión? ¿Quién es ella como personaje? Sí, está claro que se hace querer pero ¿se ha construido con la suficiente consistencia?
No sé ustedes, yo desde luego no acabo de creérmela, lo siento. Lo mismo ocurre con Booker, el otro personaje principal. Encantador, contradictorio, repleto de de matices, pero también de tópicos e incoherencias. Y es una pena, porque el resto de la nómina está muy bien desarrollado. Hasta la mítica tía Queen, a pesar de cierta idealización, sin olvidar a la desgraciada Sofía, maestra recién salida de la cárcel, ni por supuesto a la familia de Booker al completo, así como a la imperfecta –y por tanto muy creíble– madre de Bride.
Una historia de luchadores, narrada desde varios puntos de vista, tan tierna como amarga, que se lee con el mismo afecto que transmite y que nos hará plantearnos algunas cuestiones trascendentes. A quien necesite un empujón, le diré que es corta, de lectura fácil, con un final más que amable y que la emoción está asegurada si es lo que estaba buscando.


De la misma autora: Volver, La canción de Salomón, Sula, Beloved

viernes, 19 de enero de 2018

Luca D'Andrea: La sustancia del mal

Idioma original: italiano
Título original: La sostanza del male 
Año de publicación: 2016
Traducción: Xavier González Rovira
Valoración: está bien

Uno ve este libro en la estantería del hipermercado o el centro comercial (lo confieso. yo sólo compro libros en sitios así), al lado de los últimos éxitos, de los best-sellers de rigor, y algo te llama la atención... quizás la colorida portada -que tiene truco, por cierto-, quizás la (arghh) faja que compara a su autor con los más célebres escritores de thrillers... Además, está publicado por un editorial de aún cierto prestigio, que también ha descubierto a los hispanolectores otros grandes nombres del género como... Joël Dicker ¡De repente se disparan todas las alarmas, se bloquean las salidas con puertas de acero...DEFCON DOS, DEFCON DOS! Entran los agentes del Servicio Secreto beretta en mano para llevarte a un refugio seguro: "El pájaro está en el nido... Repito: el pájaro está en el nido..."

Tranqui todo el mundo, el caso es que no hace falta tanta alarma; sí, Luca D'Andrea es un escritor aún joven (o casi), europeo, que ha escrito un thriller á l'americaine, que incluso se le emparenta (aunque eso ya casi es un tópico) con monstruos como Stephen King... pero vamos, poco que ver con Joël Dicker. Gracias. Al. Cielo. En este caso, el libro que nos ocupa no deja de ser, ni pretende ser otra cosa que una novela de misterio, con su punto de originalidad, cierto es, en la ambientación: se trata de un crimen pavoroso ocurrido en las montañas del Alto Adigio o Tirol del Sur en 1985, una época de tensiones entre las comunidades germana e italiana -que le valieron a la región el apodo de "Belfast con strudel"- y que trata de desentrañar -o no, según el momento- un guionista de documentales neoyorquino que está casado con una lugareña: más que un walscher o forastero, pero menos que un nativo del pequeño pueblo donde se desarrolla la historia. Tal circunstancia se revela tanto como una ventaja como todo lo contrario, por otra parte...

Pero, un instante... un protagonista que se dedica, de una u otra manera, a la escritura...que nos cuenta en primera persona la indagación, en una pequeña comunidad, sobre un crimen cometido treinta años atrás... ¿A qué me recuerda eso? ¡Mierda, La verdad sobre el caso Har...!¡No chicos, tranquilos (ya entraban otra vez los del Servicio Secreto)... que no va por ahí la cosa, por suerte! De todos modos, aguardad un momento... ¿le suena a alguien una novela sobre un crimen en un caserío del Goiherri en la época más dura de ETA? ¿No? Pues esperad que corro al registro de la Propiedad Intelectual. Ahora vuelvo...

Bueno, ya está. ¿Por dónde iba? Ah, sí: que esto no tiene que ver con aquella novela con ínfulas que perpetró el tal Dicker. Ni siquiera se le pueden buscar referencias a literarias de campanillas, a pesar de que el prota-detective se llame Salinger -sí, amigos/as: J. Salinger, nada menos-, aparte de alguna mención a, precisamente, don Stephen King. Es más, La sustancia del mal, pese a no ser sino un entretenido thriller de misterio, repito, cuenta con algunas virtudes que, aunque sólo sea por no ser defectos, cabe destacar:

  • Utiliza ciertos recursos típicos de los best-sellers (lenguaje muy asequible, párrafos sin complicaciones, capítulos cortos) pero no da la impresión de seguir un manual de cómo escribir uno. Pese a haberlos, no abusa de los quiebros en la trama ni de los cliffhangers (que aquí son literales, por otra parte), aunque no falte el toque ternurista
  • No hace trampas con la historia: la novela es un ejemplo de whodunnit, en la que el protagonista tiene los mismos datos que el lector para resolver el crimen. 
  • Como ya he mencionado, no pretende ser otra cosa que lo que es. Eso incluye el bagage anterior  del propio autor, nacido en Bolzano, muy cerca de donde se desarrolla la acción, montañero y, también él, guionista de documentales sobre los rescates de montaña. Lo que, en otros casos, yo juzgaría como una falta de imaginación preocupante para un escritor de ficción, pero en este, creo que le da al resultado un aire de autenticidad e incluso honestidad que ayuda a que la novela se lea con agrado.
En suma, y por no enrollarme más: un thriller entretenido y sin más complicaciones, un best-seller para pasar el rato y que no de vergüenza llevarlo a cualquier sitio: al metro o a la piscina, a la playa o a la montaña... bueno, no, a la montaña , mejor que no...

jueves, 18 de enero de 2018

VV.AA.: Carne para la eternidad


Idioma original de los relatos: Inglés 
Traducción: Óscar Mariscal 
Año de publicación de la antología: 2017
Valoración de la antología: Recomendable (con matices) 

 Permitidme que hable un poco sobre Pulpture, editorial española consagrada a resucitar la literatura pulp. Carne para la eternidad es el primer contacto que tengo con un libro suyo, y menuda edición tiene. No sé si el nivel de atención al detalle que ha demostrado la editorial en esta obra será el mismo en otros productos suyos, productos de naturaleza más humilde como sus folletines. Ni siquiera sé si este acabado se mantendrá a lo largo de la Colección Almaya, colección recientemente inaugurada. Pero, al menos, en la edición de este libro se nota dedicación, cuidado y respeto. Respeto hacia el material original y respeto hacia el lector. Y en estos tiempos de praxis desdeñosas por parte de las editoriales, creo necesario remarcar este esfuerzo. Más teniendo en cuenta que Pulpture es una editorial independiente pequeña y bastante joven, lo cual vuelve más arriesgado su compromiso para con una edición tan trabajada.  

 Pero vamos al grano. Como ya he mencionado, Carne para la eternidad se enmarca dentro de la línea editorial llamada Colección Almaya. El diseño de dicha colección parece beber del de esos hermosos Valdemar de tapa dura, tanto a nivel cromático como de maquetación; dicha influencia también está plasmada en los motivos ornamentales que salpican las páginas de Carne para la eternidad. Otro aspecto a remarcar de esta pequeña joya es su estilización. Ya Lumen recurrió a alargar a las maravillosas Muertas enamoradas de Gautier, libro con obvios paralelismos temáticos con el que hoy nos reúne aquí. No sé si este parecido ha sido intencionado o no; en todo caso, creo que este formato vuelve interesante a Carne para la eternidad como objeto y, al mismo tiempo, se justifica en el concepto momia que, como veremos, en él se baraja.


 Dicho esto, pasemos al contenido en sí de Carne para la eternidad. Esta antología incluye dos relatos sobre momias. Momias egipcias que una vez fueron, y siguen siendo, mujeres jóvenes, hermosas y esbeltas (a esta estilización, decía, alude el formato del libro). La primera historia se titula “La bella durmiente de Saïs”. En realidad, más que un relato es el pasaje de una novela; pasaje que contiene los capítulos que van del XVII al XX, para ser precisos. Fue escrito el 1906 por Robert W. Chambers (autor conocido por perpetrar el sobrecogedor relato de “El rey amarillo”). “La bella durmiente de Saïs” trata sobre un rastreador de personas que ayudará a un joven cliente suyo a reencontrarse con una bella mujer que permanece dormida desde hace siglos. “Zenobia: un sueño del antiguo Egipto” coge el testigo. Es una pieza teatral de Hereward Carrington escrita en 1916 "en la que dos exploradores conocerán, tras haber revivido a una momia mediante un antiguo ritual, la trágica y oscura traición que llevó a una mujer a la tumba hace cientos de años."

 Para acabar la reseña diré que los relatos tienen un interés relativo. No son obras maestras; a la postre se parecen a muchas otras historias similares. Además, el estilo cursi que sus protagonistas emplean al hablar de sus amadas vuelve a estas historias algo empalagosas (aunque gozan de ese encanto nostálgico de todo aquello con un regusto a la época romántica). Pero. Si eres una persona a la que le interesa el tema momias, esta antología probablemente te satisfaga. Un amante del terror se sentirá, gracias a ella, como en casa; ambas historias son deliciosas rarezas del género, aunque miedo den poco o nada. Incluso a un lector menos condicionado que quiera darles una oportunidad también pueden atraerle. Y lo digo desde el vamos: si compras este libro, sólo por su edición ya habrá valido la pena hacer esta inversión. ¿He dicho ya que me encanta la cubierta? 

miércoles, 17 de enero de 2018

Esther García Llovet: Cómo dejar de escribir


Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: se deja leer

Reconozco que me acerco de vez en cuando a las novedades de Anagrama. Lo hago con la ingenuidad esperanzada del adolescente que pasea cerca del portal donde vive el objeto de su deseo, lo hago esperando el encuentro casual que vaya a más, lo hago confiando que algún día se acaben los chascos y las decepciones.

Lo hago porque Jorge Herralde estuvo al mando de una editorial que me presentó a Bolaño, a Houellebecq, a Kapuscinski y al Hornby de los mejores tiempos y a algunos Auster, a Sebald y a Richard Ford. Demasiado bagaje para olvidar y demasiado bagaje para que me retraiga de hacer sangre.

Porque luego, tiempos más recientes, se unieron a esa selecta fiesta invitados no deseados. Nothomb, Trueba, algunos ya directamente deleznables, aguafiestas que les llaman, como Pablo Rivero o, el colmo de la vacuidad y la insustancialidad, el esperpento llamado También esto pasará, colofón de la infumabilidad y, en la apuesta de la editorial por atribuirle miles de cualidades, la terrorífica conquista de la sima de lo admisible, el momento en que la duda ha manchado lo que era una enseña casi inapelable.

Cómo dejar de escribir, título que parece hacer la competencia a los clickbaits, no os va a aclarar gran cosa. Novela corta que se lee en apenas una hora (curioso tanta concisión cuando la contratapa define a la autora como una admiradora de Bolaño o Foster Wallace) y en la que suceden pocas cositas. Renfo, curioso nombre para hijo y nieto de celebridades de origen latinoamericano, a la búsqueda de un manuscrito de su padre escritor, mientras se encuentra y desencuentra con personajes a la medida de la noche madrileña y de la volatilidad de los niños bien que gustan de paseos por el lado salvaje. Claudia, novia o algo así de vaivén, amigos de no menos curiosos nombres, va por aquí, va por allá, un coche viejo, poca cosita que pasa en una novela que parece un ejercicio de estilo por cuanto no hay una frase fuera de sitio, nada malo sucede en términos literarios, se va leyendo, se nota alguna hechura de influencias, se nota cierta seguridad de ser aplaudida por los de siempre por alguna ocurrencia, que para eso el mundo literario es pequeño y entre bueyes no hay cornadas.
Sin ánimo de ofender, leo que en el último Premio Herralde (el ganado por la entretenida novela de Juan Pablo Villalobos) el jurado decidió, sin premiarla, recomendar la publicación de esta obra. Que no resulta ni ofensiva ni inofensiva. que se lee tan fácil como si fuera un relato alargado publicado en una recopilación entre unos cuantos. Un viaje de autobús entre provincias, una espera que se alarga en alguna sala por una urgencia leve.
Y ahora me pregunto si he hallado en ella una sola razón para recomendar, yo, ya no publicarla, sino meramente leerla.

martes, 16 de enero de 2018

Luis Rafael Sánchez: La guaracha del Macho Camacho

Idioma original: Castellano
Año de publicación: 1976
Valoración: Muy recomendable

La insularidad es un privilegio repleto de inconvenientes. “La maldita circunstancia del agua por todas partes / me obliga a sentarme en la mesa del café.”, capturó el cubano Virgilio Piñera en su poema La isla en peso. El escritor isleño carga un extra de periferia, de invisibilidad para los grandes centros urbanos y continentales donde se proclaman cánones y se dictan las fórmulas de lo válido, lo admirable y lo excelso. Si a la condición de insular se le agrega la circunstancia de la puertorriqueñidad la realidad es aún capaz de retorcerse hasta la extrema contorsión dado el peculiar estatus jurídico, político, social, cultural y económico boricua. Un mejunje genuino, exuberante, carnal, guasón y antillano capturado con esplendor en las páginas de La guaracha del Macho Camacho, novela que debería formar parte del canon de la narrativa contemporánea en lengua castellana y que, al menos en esta orilla europea del Atlántico, dista mucho no ya de ser reconocida si no siquiera conocida.

Formalmente el texto se permite experimentar y desbordar los límites del relato convencional. Un miércoles cualquiera, a las cinco de la tarde, cinco personajes se encuentran atrapados en un tapón, un atasco, en las calles de San Juan. Cada uno con sus pensamientos y sus fantasías, con sus preocupaciones y deseos. Las escenas están cosidas por la voz de un locutor radiofónico que se recrea presentando el exitazo del momento, una guaracha del sin par Macho Camacho –lectores del 2018, hagámonos cargo, estamos en el país del Despacito de Luis Fonsi. 

Las sensaciones, las imágenes y los pensamientos se suceden y atropellan, se aceleran y fluyen hasta la verborrea, con párrafos que son genuinos ametrallamientos en modo cantinflas y que acaban por conformar una atmósfera disparatada y enloquecida, escenas repletas de referencias y giros locales (el medio millar de citas explicativas de la edición de Cátedra, aunque quizás excesivo, se hace imprescindible para no perderse) y de referencias cultas y literarias, todo ello mantenido con la misma enjundia y contundencia rítmica que el género musical que se fraguaba en aquel momento y que hemos acabado reconociendo como salsa. Porque La guaracha del Macho Camacho está cargada de voluntad de sorprender, de transgresión formal y no sólo lo consiguió en su momento, si no que cuarenta años después sigue funcionando como un mecanismo pegadizo, contundente y fascinante.

La decisión de hacer literatura con el latido y el lenguaje más popular y callejero confiere a las páginas de la novela  un tono desenfadado e irónico que sirve para tratar sin contemplación asuntos como el consumismo, el clasismo social, el machismo, la sexualidad y los arquetipos eróticos o los orígenes raciales. Esa querencia por lo soez, por lo cotidiano, por lo vulgar que es tratado por la alta cultura con nariz arrugada y gesto despectivo aquí impregna párrafo tras párrafo y figuras como la de la vedete Iris Chacón –a quien otro escritor boricua, Edgaberto Rodríguez Julia dedicaría una década después una suculenta aproximación, Una noche con Iris Chacón- se reconocen y agasajan como icono de lo admirable (y deseable). 

Dejémonos de disimular y de acomplejadas imitaciones y mostrémonos como realmente nos dé la gana, es el armazón estético e ideológico con el que Luís Rafael Suárez sustentó La guaracha del Macho Camacho. Y ese punto de vista, ese modo de incorporar al relato literario, en el que una comunidad puede supuestamente reconocerse, a plebeyos y horteras, a negros y mujeres atronadoras y el tono jocoso y coherente con que lo factura es lo que dota a la novela de su intacto magnetismo: “Un hombre no sabe ni así, tomó una pizca de yema de dedo, lo que es el dolor –dijo Doña Chon, argumentosa. Ningún hombre podrá parir nunca, dijo Doña Chon, bombástica en la formulación del histórico aserto. A los hombres les falta el tornillito de la pujadora que es un tornillito que la mujer trae en su parte –dijo Doña Chon, ginecóloga. El día que un hombre quiera saber lo que es parir que trate de cagar una calabaza– dijo La Madre: eufórica, un kindergarten en los ovarios, fanfarria con las trompas de Falopio”.

lunes, 15 de enero de 2018

Marcel Proust & Jacques Rivière: Correspondencia 1914-1922

Idioma original: Francés
Título original: Correspondance 1914-1922
Traducción: Juan de Sola
Año de publicación: 2017
Valoración: Hombre, por favor. La duda ofende

Marcel Proust escribió a lo largo de su vida unas 100.000 cartas. Al menos, eso dice Philip Kolb, que estima que las 5.000 que él recopiló para la edición de su monumental Correspondance son solo la vigésima parte del total. ¡100.000 cartas! ¡Y eso que él mismo se declaró, en una carta enviada a Jacques Rivière en noviembre de 1919, "ateo de la amistad"!

Aquí "únicamente" se reúnen 201 cartas; 199 enviadas por Proust a Rivière o viceversa, una de Celeste Albaret (criada de Proust) y otra de Reynaldo Hahn, en la que comunica a Rivière el fallecimiento del escritor.

Pero quién fue y qué importancia tuvo Jacques Rivière en la vida de Marcel Proust?

Para responder a estas cuestiones es necesario que antes hablemos de la "Nouvelle Revue Francaise" (NRF). La NRF, fundada en 1908 por un importante grupo de escritores franceses entre los que destacaba André Gide, fue una revista literaria y editorial clave en las letras francesas de la primera mitad del siglo XX. Aquí entra en juego Jacques Rivière. Colaborador de la NRF desde 1910 y director de la revista entre 1919 y 1925, fue el principal responsable de que Proust publicara casi la totalidad de la Recherche en las Ediciones de la NRF, hasta el punto de que uno duda de qué hubiera sido de la obra de Proust sin Rivière. De hecho, la NRF rechazó (genial, André Gide, genial) en 1912 y 1913 publicar su primer tomo ("Por el camino de Swann") y hubo de ser el propio Proust quien sufragara de su bolsillo los gastos de la edición. Afortunadamente, la aparición de Rivière, y su deslumbramiento ante la obra de Proust permitió que esta no cayera en el olvido. Así que la importancia de Riviere es capital.

Por todo esto, podemos decir que la correspondencia entre Proust y Rivière posee un triple valor: como "objeto de culto", documental e histórico.

Empiezo por el lado friki. Es mitomanía pura y dura, lo sé, pero me encantaría ver esas cartas, poder palpar su papel amarilleado por los años, ver la escritura, que imagino intrincada y caótica, de Proust, ver la letra de Rivière, etc. Imagino que los proustianos del mundo compartirán esta opinión.

Quitando el componente absolutamente subjetivo de este primer valor, es innegable el valor documental, tanto a nivel profesional como personal, de la correspondencia. El aspecto profesional es más marcado en las cartas de los primeros años (1914 y 1919, fundamentalmente (la correspondencia se vio interrumpida por la llamada a filas de Rivière en la PGM)). Y es que no dejan de ser las cartas entre un escritor y su editor y tratan sobre temas como los anticipos a publicar en la NRF, las galeradas, pruebas, correcciones y publicación de "A la sombra de las muchachas en flor" y del resto de tomos, el premio Goncourt, las tensiones con Gallimard, etc. Pese a lo que podría parecer, me han resultado de lo más entretenidas: las múltiples correcciones, pruebas, problemas con impresores, suspicacias, el puntillismo de Proust a la hora de elegir los fragmentos a publicar, los intentos de uno y otro de convencerse mutuamente... dan una idea clara del proceso de publicación de la obra proustiana. Una vez que la confianza mutua aumenta, lo profesional pierde peso frente a lo personal. La relación de amistad se va afianzando  y en la correspondencia se aúnan aspectos profesionales y personales. Junto a los temas anteriores y a otros propios de la relación escritor - editor, encontramos referencias a los múltiples problemas de salud de ambos, consejos de Proust al Rivière escritor o al Rivière director de la NRF, confesiones personales, recomendaciones literarias, la rendida admiración de Rivière por la obra de Proust y de Proust por la labor de Rivière, etc. Sirvan como ejemplo estos extractos:
13/10/1921. J. Rivière a M. Proust: "Ahora mismo eres el autor, el creador de una sociedad al menos tan completa y compleja como la de la Comedia Humana. ... Tienes a la vez las dotes del pintor y las del analista... No sé de nadie en quien estas dos cualidades se hayan encontrado nunca aliadas...
08/06/1922 J. Rivière a M. Proust: "¿Por qué has perdido la esperanza de acabar tu obra? Yo estoy convencido de que la terminarás. Es tan grande la necesidad que tenemos todos que no puede quedar insatisfecha. ¿Sí, es misticismo si quieres! Pero del bueno
Indudable es, por último, el valor histórico de esta correspondencia. Las cartas son un testimonio perfecto del funcionamiento del mundillo editorial de la época (que no imagino demasiado diferente al actual), con sus presiones e intrigas, sus tejemanejes en los premios literarios, sus rencillas, afinidades o celos debidas a éste o aquel artículo, amores y odios enconados, etc. En algún momento, más por desconocimiento mío de las personas citadas que por otra cosa, pueden resultar algo complicadas de seguir; aun así, son también sumamente interesantes.

En definitiva, un libro indispensable para aquellos que hayan disfrutado de "En busca del tiempo perdido" y altamente recomendable para interesados en el "backstage" del mundo editorial. 

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Otra cosa, antes de que se me olvide (que todo hay que decirlo): Magnífica edición por parte de La Uña Rota y estupendo prólogo de Juan de Sola. Un lujo