jueves, 21 de septiembre de 2017

Reseña a cuatro manos: Llorenç Villalonga: Bearn o La sala de muñecas

Idioma original: Castellano
Año de publicación: 1956
Valoración: Muy recomendable

La literatura española de posguerra (digamos las décadas de los 40 y 50) se encontraba dominada por obras de marcado carácter realista. Ejemplos claros son "La sombra del ciprés es alargada" o "El camino" (Delibes), "Nada" (Laforet), "Jarama" (Sánchez Ferlosio) o "La familia de Pascual Duarte" y "La Colmena" (Cela). De ahí que la publicación, en 1956, de "Bearn o La sala de muñecas", obra culta y refinada de marcado carácter proustiano y absolutamente a contracorriente de las modas de la época, pasase practicamente desapercibida a nivel de público. Se trata de una obra, al parecer, inicalmente redactada en castellano, para, con posterioridad, ser traducida por el propio autor al catalán, aunque a un catalán que escapa al canon fijado por la filología barcelonesa pues no renuncia, especialmente en los diálogos, a su variedad salada e informal, propia de los hablantes baleares.

Para entender el origen y el estilo de "Bearn" hay que dedicar unas líneas al autor. Mallorquín, aristócrata y procedente de una familia de "rancio abolengo", Villalonga forma parte de los ganadores de la Guerra Civil, milita en la Falange, ejerce la psiquiatría y frecuenta el Circulo Mallorquín de Palma, la institución donde sólo eran admitidos las gentes de "buena familia", y que todavía hoy en día arrastra una agonizante irrelevancia en la vida social de la capital balear.

Todo esto nos lleva a "Bearn o La sala de muñecas", crónica de la decadencia de un mundo o de una forma de ver el mundo y reflejo de las dos españas de las que hablaba Machado. Estamos en la segunda mitad del XIX (época de inestabilidades políticas en el interior y en el exterior, época de grandes descubrimientos), estamos en la Mallorca interior (alejada por completo de la imagen recurrente de la isla) y estamos ante los últimos representantes de una larga estirpe. Estos representantes son el matrimonio formado por don Antonio de Bearn y su prima doña María Antonia y es el capellán de la Hacienda, don Juan Mayol, quien, en forma epistolar, se encargará de narrar esa decadencia. La narración recrea minuciosamente esa tensión entre una sociedad agrícola, devota, ensimismada y dominada por la aristocrácia y la Iglesia Católica y la aparición de las nuevas Ideas basadas en la Razón, el materialismo, el positivismo científico y las nuevas aplicaciones e instrumentos tecnológicos.

Don Antonio de Bearn, prinicipal protagonista de la novela, es un hombre enigmático, desconcertante, amante de ensueños y desvaríos, capaz de azotar a los trabajadores de la Hacienda y de reverenciar a Diderot o a Voltaire, dócil en apariencia, irreductible en el fondo. Su esposa, doña María Antonia, por contra, destaca por su aparente sencillez y su gran capacidad de adaptación al entorno. Entre ambos está Xima, sobrina de los señores, tercera en discordia y con un papel primordial en el desarrollo de los acontecimientos. Desde la atalaya de su posición -nobles y arruinados- se comportan conforme a sus convicciones, prejuicios y tradiciones: su condición es ser servidos por un pueblo de gentes pobres, ignorantes, toscas, incultas e intrasigentes, con los que conviven y a los que parecen observar y tratar con la misma actitud disciplente y distante que los visitantes de un zoológico, y a los que el autor no otorga ni una pulsión de rebeldia sino una complacida sumisión.

El narrador, el capellán Juan Mayol, criado desde niño por los señores, será quien nos presente los hechos, quien trate de interpretar las acciones de los personajes y quien nos traslade una visión de Bearn (hacienda, no Bearn lugar) como paraíso perdido. Aunque durante todo el relato no deja de insinuarse un lazo más estrecho que el de la mera adopción por parte del Señor, la figura de este narrador atormentado y ambiguo nos ofrece una mirada muy viva a la moralidad y cultura (entendida como forma de relación entre los individuos) de esa sociedad, en la que unos pocos lo podían absolutamente todo y todos los demás debían limitarse a sobrevivir en unos límites -mentales y materiales- tan estrechos como arbitrarios. Un mundo del que Villalonga es absolutamente consciente y del que, por tanto, no hurta a los lectores su irremediable inoperancia y caducidad.

En el primer párrafo decimos que se trata de una obra culta y refinada de marcado caracter proustiano. ¡Que esto no desanime a posibles lectores, ni mucho menos! Decimos culta porque la obra está plagada de múltiples referencias culturales y filosóficas, refinada porque transmite una sensibilidad especial y proustiana por ese continuo recurso al recuerdo y la evocación de un mundo y un tiempo posiblemente perdidos para siempre.

Pese a estos adjetivos que adjudicamos a la obra, no penséis que se trata de una obra "aburrida". De hecho, admite desde interpretaciones sesudas al estilo novela psicológica o novela filosófica hasta interpretaciones más "banales" como la de novela negra (¿crimen?, ¿celos?, ¿pasión?) o la de novela histórica (el París del Segundo Imperio, la Roma de León XIII, la primera República Española, etc). Es, de hecho, una lectura entretenida, reveladora y grata, el retrato de un mundo fenecido con un estilo ágil, mundano y rico y con una perspectiva lúcida y profunda. Por lo que al llegar a la última página, tanto la parte vasca como la parte mallorquina de esta reseña a cuatro manos lo hacen con la sensación de haber disfrutado de "Bearn" y de tener su lectura por muy recomendable.

Fdo: Carlos Ciprés y Koldo CF

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Gabriel Rodríguez García: Hasta la última suela

Idioma: español
Año de publicación: 2017
Valoración: está muy bien


Aquí donde ustedes (no) me ven y, sobre todo, mi cuestionable forma física, yo también tengo mi pasado más o menos remoto de aficionado a la montaña, como es preceptivo en algunos lugares. Pero he de confesar que a mí lo que más me gustaba de la actividad montañera  era darme un garbeo entre hayedos, vacas y flores y luego comerme el bocata en buena compañía, más que hacer cima y, tras la foto y el pis de rigor, bajar otra vez a toda pastilla (no digo ya subir corriendo en plan Kilian Jornet, como se estila ahora). (*)

¿A qué viene este párrafo nostálgico y, lo reconozco, totalmente prescindible, como pensarán muchos de ustedes? Pues a que el autor de este libro de relatos, Gabriel Rodríguez, sí que parece ser un montañero merecedor de tal nombre, uno que se dedica a subir montes con más vocación y, sin duda, por razones más profundas y elevadas (valga la paradoja). Como además es escritor, ha tratado de plasmar estas motivaciones y sensaciones en una serie de relatos que se desarrollan, claro está, en plena montaña, protagonizada por unos personajes que, al menos en principio, tampoco se dedican a subirlas  para comerse el bocadillo arriba (con lo rico que está...).

Los cinco relatos componen en conjunto un panorama de diferentes épocas y variantes del alpinismo. Desde el viejo asturiano que recuerda a los pioneros de tal actividad en su pueblo, cuando él era guaje -por los tiempos de la República-, a la adolescente contemporánea enganchada a la escalada de paredes en vertical. Los otros tres cuentos de desarrollan en diferentes puntos del "camino del alpinista", por decirlo así: los Picos de Europa -vertiente lebaniega-, los Alpes y, por fin, uno de los ochomiles más legendarios: el Annapurna. En todos ellos el aspecto técnico de la escalada juega un papel fundamental en la narración; ahora bien, esta circunstancia, y el uso de una jerga tan específica no debe arredrar a los desconocedores de la misma. De hecho, los relatos que a mí más me han enganchado y mantiene, creo, mejor la tensión narrativa, son Las huellas de Gretti (no, no del Yeti) y Here comes the sun, que prácticamente lo único que cuentan es sendas escaladas  y no mucho más -sobre todo el primero-. Los personajes, no obstante, también han resultado muy logrados: una mención merece, por ejemplo, Koldo, el viejo tabernero bilbaíno que aparece en el último relato, Que el fin del mundo te pille bailando.

La pregunta podría ser: ¿Ha conseguido Gabriel Rodríguez dilucidar la razón por la que tanta gente se ve impulsada a subir a sitios donde se juegan la vida y en los que las circunstancias ni siquiera les permiten recrearse a contemplar el paisaje? Pues quizás no, pero no importa mucho: lo que deja claro el libro es que la causa es lo de menos; lo que importa es lo que se hace y no el por qué.  El formar parte, además, de una cordada de escaladores, desde que se comenzó a subir montañas sin tener obligación de hacerlos, de una cadena de historias, algunas ya convertidas en leyenda, que posibilitan que se puedan escribir libros como éste. El vivirlo con libertad, sobre todo.


(*)Quiero aprovechar para expresar mi admiración por don Carlos Soria, que si no es el alpinista y el deportista más grande que hay ahora en el mundo, se le acerca mucho.


Otros libros de Gabriel Rodríguez García reseñados en ULAD:Maestro, extraígame la piedra

martes, 19 de septiembre de 2017

Juan Carlos Márquez: Resort

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: se deja leer

Motivos por los que pensaba que me iba a gustar Resort:
  • Porque me gustó mucho Los últimos, una original revisitación del género post-apocalíptico / zombi;
  • Porque sigo al autor en facebook, y derrocha una saludable mala baba, generalmente cargada de sentido común;
  • Porque el tema elegido (los resort turísticos a pie de playa con-todo-incluido) estaban pidiendo una buena sátira desde hacía tiempo;
  • Porque Juan Carlos Márquez es de Bilbao, aunque viva en Madrid. Y los de Bilbao somos la hostia.
Motivos por los que Resort me ha gustado mucho menos de lo que pensaba que me iba a gustar:
  • Porque parece ser la mezcla de dos novelas, sin decidirse a ser del todo ninguna de las dos: por una parte, la novela costumbrista-satírica sobre la vida de una familia en un hotel de playa y piscina; por otro, una novela policiaca sobre la desaparición de un niño alemán en ese mismo hotel;
  • Porque, en la parte costumbrista, no hace sangre en los elementos más absurdos y al mismo tiempo más relevantes (solo hay que imaginar lo que David Foster Wallace habría hecho con el mismo tema), y en cambio algunas veces cae en el chascarrillo o el estereotipo, como cuando habla de los alemanes y su afición por las filas. No quiere decir que no haya momentos divertidos, claro que los hay, y la lectura se hace ligera, pero si pretendía ser una novela cómica, le faltan gags; y si pretendía ser una novela de crítica social, le falta profundidad.
  • Porque la parte policiaca, una vez más, se queda a medio camino, apunta hacia algunos de los tópicos del género (la pareja de policías, los interrogatorios, los múltiples sospechosos...), amaga pero nunca llega a dar, y no atrapa por el suspense. No voy a contar el desenlace, solo diré que es un no-desenlace que resulta muy anticlimático.
  • Porque la novela está excesivamente dominada por la male gaze: las dos historias (la costumbrista y la policiaca) están contadas a través de la mirada de dos hombres (el marido y el policía), y las mujeres, y sobre todo sus cuerpos, están completamente supeditadas a su deseo o a su repulsión: tetas, culos, entrepiernas, todo se valora en función de si al personaje masculino le gusta o no le gusta, le provoca o no le provoca una erección. Y si a mí, que soy hombre, me ha resultado incómodo por momentos, me imagino lo que les debe haber parecido a muchas lectoras...
  • Porque la novela da en general una impresión de precipitación, quizás (lo digo siendo un poco malo) porque había prisa para publicarla antes del verano y aprovechar el tirón del tema asociado a este época. 
Resumen: Que conste que Resort es una lectura ligera y generalmente amena, o sea, puede ser una buena lectura para llevar a la playa, como esos "culebrones" de verano que publican los periódicos. Pero había muchas otras novelas que Resort podía haber sido, y que creo que me habrían gustado mucho más:
  • Una comedia alocada, tipo Wilt, sobre las relaciones que se establecen en un resort vacacional;
  • Una comedia más profunda y más crítica sobre consumismo, globalización, turistificación, etc.
  • Una novela policiaca con todas las de la ley, sobre la desaparición de un niño en un pueblo de playa (¿alguien recuerda a Maddie McCann?)
  • Una novela opresiva y quizás hasta fantástica, estilo Ballard, sobre un puñado de veraneantes obligados a convivir durante tres días (o más), con una tensión creciente que lleva a la violencia, al sexo, a la autodestrucción...
En fin, Resort podía haber sido cualquiera de estas novelas, pero es la novela que es; personalmente, solo puedo darle un "se deja leer", y esperar a la siguiente novela de Juan Carlos Márquez, a ver en qué género decide adentrarse.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Colaboración. Arturo Pérez-Reverte: Falcó

Idioma original: castellano
Fecha de publicación: 2016
Valoración: se deja leer

Lorenzo Falcó es el mercenario ficticio que Arturo Pérez-Reverte ha concebido para dar pie a un ciclo que constará, por lo pronto, de este primer volumen y de otro más, que llevará por título Eva. La Guerra civil no es un ambiente ajeno a los escritos del autor cartaginés: antecedentes suyos que trataron el tema serían las colaboraciones en El Semanal de ABC o el tomo La Guerra civil contada a los jóvenes. La imprecisa postura que mantiene sobre esta cuestión continúa enfrentando a sus seguidores y detractores en una polémica que se anuncia duradera.

El libro presenta un tiempo —aquellas décadas del siglo XX que explotaron a España como laboratorio político— y un país —espías a pie de pista, bien o mal pagados; más libertinaje militar del que se piensa; una nación dividida en bandos, suscritos a su vez a lealtades que actúan como infamantes parteaguas. En medio, una galería de caracteres distintivos de su creador que se relacionan de diversas maneras (escabrosos erotismos incluidos) con el agente secreto Falcó, encargado del motín que pretende liberar a Primo de Rivera de la prisión de Alicante. Su jefe es un almirante gallego ocupado con frecuencia en sacarle las castañas del fuego. Los secuaces, Eva Rengel, intachable mujer fatal; Juan Portela y los hermanos Cari y Ginés Montero, falangistas disconformes con las órdenes del protagonista; y algún secundario ocurrente, como el sicario Araña o el confiado Estévez.

Tal vez la obra ejerza como punto de partida de las siguientes entregas. Para calificarla de sospechosa basta saber que la constante puesta en escena de personajes y lugares comunes cede poco paso a la acción, así como que Reverte (tan contrario a Faulkner o Bolaño) nunca da cabida al pretexto estilístico. El tan provechoso paso del río Pisuerga por Valladolid permitiría debatir ad infinitum si la serie que comienza con Falcó no será, en realidad, una treta por parte de narrador o editorial con el fin de sacar una rentabilidad parecida a la que proporcionaron Las aventuras del capitán Alatriste, cuyo estreno, por cierto, tenía mucho más contenido. No sé si a medida que se conozcan las andanzas de este espía el interés individual de su primer tomo disminuirá. El aleatorio público me dispensará que sea poco adepto a los (casi siempre) excusables alargamientos y, por ende, persona desautorizada a la hora de juzgar este aspecto, típico de sagas como la que comienza con esta novela.

Firmado: César Muñoz


Otros libros de Arturo Pérez-Reverte en ULAD: Cabo TrafalgarLa sombra del águilaEl maestro de esgrimaLa reina del surHombres buenos

domingo, 17 de septiembre de 2017

Adam Haslett: Aquí no eres un extraño

Idioma original: inglés
Título original: You Are Not a Stranger Here
Año de publicación: 2002
Valoración: muy recomendable

En este libro de relatos cortos, primera obra del autor, Haslett escribe sobre lo que mejor se le da: el retrato de personas. Dando rienda suelta a su dialéctica rápida y de verbo fácil, lo que nos ofrece el autor en este conjunto de relatos es una imagen variopinta de diferentes personalidades que podríamos encontrar en este, cada vez más, uniformizado mundo.

Los relatos que encontramos en este libro tienen un nexo común: la fragilidad psicológica de sus protagonistas. Así, asistimos a un conjunto de historias donde encontramos personas mayores que necesitan de la compañía de alguien joven para que les alegre el día, un médico volcado en su profesión que empatiza en exceso con sus pacientes, la relación a tres bandas entre dos hermanos y otra persona común a ellos, un hombre con depresión que necesita un cambio a su vida (aunque él no es muy consciente de ello) y así hasta completar las nueve historias, todas independientes entre ellas.

Dicho así, podríamos estar hablando de un libro triste, pero la sensación global que deja este libro es de una gran redondez: las historias comparten un tono muy similar, un nexo común en torno a la fragilidad de las personas que sufren algún tipo de problema psicológico, o a veces no es tal, sino simplemente alguna carencia afectiva  emocional; o temor, o dudas, o incertezas que preocupan a sus personajes. En función del relato vemos las diferentes gravedades de tales problemas, y la variedad de enfoques posibles. La forma hábil en que el autor los expone, los trata, y los analiza deja como recuerdo un sinfín de sentimientos que giran en torno a la soledad, a la necesidad, al cariño, a la calidez, al trato humano siempre necesario y cada vez más difícil de encontrar de forma desinteresada.

Como ocurre en la mayoría de libros de relatos, hay algunos mejores que otros, pero todos ellos son, como mínimo, buenos. La gran habilidad de Haslett es retratar estos personajes y aquello que sienten. El autor se encuentra como pez en el agua en la definición de los personajes y consigue que fácilmente uno conecte con ellos de forma que parece como si les conociera de antemano, imprimiendo un ritmo alto que fácilmente contagia al lector, incrementando su avidez lectora. En los relatos narrados sus personajes sufren, y el lector con ellos. Hay mucha pena en los relatos, una gran fragilidad en los caracteres de sus protagonistas, cierta aura de incomprensión y mucha solitud, pero, por encima de todo, hay calidez y ternura. Y un deseo evidente de hacernos reflexionar sobre qué sienten aquellas personas que tenemos cerca y de hacernos ver que, en el fondo, todos necesitamos de alguien que esté a nuestro lado.

Otras obras de Adam Haslett en ULAD: Imagina que no estoy, Union Atlantic

sábado, 16 de septiembre de 2017

Nicos Casandsakis: El capitán Mijalis



Idioma original: Griego
Título original: Ο Καπετάν Μιχάλης
Año de publicación: 1950
Traducción: Carmen Vilela Gallego
Valoración: Está bien



Griegos y turcos. Cristianos y musulmanes. Tan parecidos. Tan mediterráneos. Tan suspicaces y encarados. La pelea, la inquina y la sangre derramada ha sido frecuente y regular, al menos en los últimos doscientos años. El listado de agravios y cuentas pendientes por ambas partes es extenso, inacabable. Y la literatura, como no, también ha contribuido con generosidad.

Deliberadamente, con ánimo de arrojar gasolina al fuego del enfrentamiento para enardecer el espíritu nacional griego en el Chipre dominado por los británicos tras la II Guerra Mundial, lo hizo Nicos Casandsakis en 1950 escribiendo El Capitán Mijalis (Llibertad o Muerte) que ambientó en su Creta natal, a finales del siglo XIX, todavía sometida al dominio del Imperio Otomano. Casandsakis (Heraklion, Creta, 1883) recurrió a las figuras de su abuelo y de su padre para la caracterización del protagonista, un atormentado, belicoso y fanático burgués cretense que renunció a la sonrisa de por vida, hasta que la isla no se sacudiese el yugo turco. La acción se sitúa en el levantamiento de 1889, que a la postre no fue más que otro estallido en la secuencia de episodios violentos entre ambas comunidades: 1821, 1834, 1841, 1854, 1866, 1878…

No obstante, Casandsakis no cayó en la simpleza de enaltecer a unos para denigrar a los otros y por eso la novela se puede seguir leyendo con interés hoy en día. En general, los turcos son taimados, volubles y aprovechados, pero los griegos no les andan a la zaga; resignados, vacilantes, interesados. Hasta que la paciencia se agota, la tierra reclama su tributo de venganza y libertad, la sangre empieza a hervir y el cierre de filas desata, nuevamente, la violencia: “¡Fuego a los pueblos! ¡Hacha a los árboles! ¡Aniquilación! ¡Lágrimas y sangre!”.

El propio Capitán Mijalis es víctima de su carácter taciturno y endiablado y su comportamiento está sometido a las pulsiones eróticas que le despierta una mujer musulmana y a su propia incapacidad de mantener cierta coherencia ante los demás, inepto para manejarse más allá de la bravuconería y el exabrupto. Así que en las páginas de El Capitán Mijalis hay prosa inflamada alentando el globo de la épica colectiva, emancipadora y liberadora, pero también personajes mezquinos y desastrados que no merecen mejor suerte que la que les depara la pétrea y cruda realidad cotidiana. Es en el desamparo y la fatalidad en el que Dios mantiene a los cretenses –como representación de la Humanidad- donde hay que buscar inspiración y fuerzas para salir adelante como sea posible, viene a explicarnos Nicos Casandsakis, pues solos estamos y a nada ni nadie que no seamos nosotros mismos podemos recurrir. 

Es en el tono trágico con el que el autor levanta esta epopeya excelentemente ambientada y con un repertorio de personajes secundarios memorable –Casansdakis retrata con especial viveza la atmósfera social de un momento, componiendo con sagacidad ambientes minuciosos, orgánicos- donde está el corazón de la novela. Un relato que va bombeando dramatismo, en algunos pasajes con tremendista desmesura, y que dispone del aliento preciso para que el interés por la lectura no decaiga y finalmente asistamos compungidos a la proclama que acompaña al título: Libertad o muerte

Por su parte, diez años después de la publicación de este libro, Chipre obtuvo su independencia de Gran Bretaña, nombrando presidente de la República a Michail Chritodulu Muskos, el arzobispo Makarios de la Iglesia Ortodoxa. Cristianos y musulmanes, griegos y turcos, volvieron a la greña en 1963 y 1967, hasta el enfrentamiento armado abierto en 1974, en el que la isla quedó definitivamente partida, incluso con un muro en la capital Nicosia, hasta la actualidad.


Otros libros de Nicos Casandsakis (también transcrito como Nikos Kazantzakis) en ULAD: Zorba el Griego

viernes, 15 de septiembre de 2017

Antonio Scurati: El padre infiel

Idioma original: Italiano
Título original: Il padre infidele
Año de publicación: 2014
Traducción: Xavier González Rovira
Valoración: Recomendable

Este libro, como tantos otros, comienza por el final, con un tajante "quizá no me gustan los hombres".

En un contexto general de crisis económica, política y social, llega una crisis doméstica; una crisis a pequeña escala pero, a la vez, más dolorosa para sus protagonistas. Parece que el amor se acabó, surgen las preguntas, las dudas y lo que es un "punto y final" pasa a ser el punto de inicio de una novela introspectiva en la que Glauco Ravelli pasará revista al período de su vida comprendido entre la finalización de sus estudios universitarios y la finalización de su matrimonio, tratando de ver qué ha podido fallar o cómo se ha llegado a ese punto en un mundo en el que a uno le hacen creer que la felicidad está tan al alcance de la mano (una lata de refresco, el nuevo móvil de última generación, un coche...)

Glauco tiene algo más de 40 años, estudió Filosofía pero trabaja como chef en el restaurante que fuera de su padre, está casado y tiene una hija pequeña. Es alrededor de estos hechos sobre los que gira la novela: el matrimonio y, sobre todo, la paternidad. Y también sobre la eterna búsqueda de la felicidad.

El matrimonio y la paternidad son, en gran medida, desmitificados. Porque ninguna de las dos cosas son el "paraíso" que nos habían prometido. Porque la paternidad, pese a ser el acontecimiento más importante en la vida de ambos, no es generadora por sí misma de felicidad. Todo pasa a girar alrededor de Anita. Glauco y Guilia pierden su individualidad, comienzan a alejarse y empieza el desmoronamiento. La felicidad, ese nuevo Dios moderno y accesible (a priori) del siglo XXI, se nos escapa y buscamos una grieta a través de la cual huir de esa sensación de hastío, de infelicidad y de nostalgia.

Scurati construye un retrato generacional bastante certero (mucha gente se sentirá muy identificada con la historia de Glauco), con buenas dosis de acidez, mención honorífica a las clases de preparación al parto y a la cena en un sofisticadísimo restaurante milanés, y amargura. Un libro que me ha gustado más en su vertiente ensayística o sociológica que en su parte ficcional y que, en cualquier caso, es altamente recomendable para padres (primerizos o no) y para futuros padres. Mucho más útil que cualquier guía de tres al cuarto que se pueda encontrar por ahí.